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Mensaje por Dan Taylor el Lun Ene 11, 2010 6:19 pm

En aquel momento, un júbilo (casi) inexplicable le recorría el cuerpo de punta a punta, haciéndole sentir activo, contento y un poco más joven; y eso que ya lo era bastante. Después de una extasiante visita a la azotea, había conseguido dar en aquel lugar con el que sería su nuevo juguete durante algún tiempo en aquella escuela atestada de niños que se creen mayores. Podría divertirse de mil formas teniendo controlado a un rebelde que quería deshacerse de su dependencia a los progenitores demasiado pronto, y que a lo máximo que aspiraba para ello era a internarse en un centro de enseñanza privada. Qué valiente, si señor.
Metió las manos en los bolsillos y palpó el paquete de tabaco que le había requisado momentáneamente al chico. Sonrió. Poder, mando, poderío, dominio, autoridad, supremacía, señorío... tantos sinónimos para tan bella palabra, que quedaba demostrada con firmeza a cada gesto que Dan pronunciaba. Por contra, al señorito Kazama parecía no hacerle tanta gracia.

Caminaron por los lóbregos pasillos durante algunos minutos. El profesor aún no dominaba completamente los recintos del instituto, pero al menos sabía como llegar al laboratorio, en el que pasaría, y en el que ya había pasado, gran parte de su estancia allí. Al principio se había perdido bastante, y había tenido que solicitar ayuda a algunos de sus alumnos (Valgame Dios, que verguenza por su parte) para no acabar perdido por las instalaciones; su sentido de la orientación era tremendamente pésimo, y aún así intentaba ocultarlo por todos los medios. Toda persona debía tener sus defectos, por supuesto... pero si Dan podía evitarlos, mucho mejor.
Notó con un entusiasmo contenido como Paul le seguía a una distancia de un par de metros por detrás de él, enfurruñado como había estado en la azotea. Rabia, frustración, resignación, impotencia... Como le gustaba todo aquello. El chico le hacía las veces de un perrito faldero obediente y fiel, y aquello le fascinaba hasta un punto que tuvo que plantearse seriamente la salubridad de su mente.

Arribaron tras un par de minutos de caminata a las escaleras inferiores que conducían al laboratorio de biología, del que solo el director y el profesor pertinente (osease Dan) tenían la llave. Y dado que el director en aquel momento estaba más bien ausente, él contaba con todo el poder. Instalaría aquel lugar como a él más le conveniese, y para ello tenía completa libertad.
Sacó la llave del bolsillo interior de la chaqueta, y abrió un pesado portón de madera con bisagras chirriantes. La oscuridad del pasillo descendía un par de niveles del suelo completaba la perfecta escena de un filme de terror. Sin embargo, al abrir la puerta, se descubría una sala perfectamente iluminada por los filtrados rayos de sol que se colaban por una gran cristalera situada a la parte derecha del laboratorio. Esta pared cristalina contaba con una puerta igual de delicada que llevaba directamente a un invernadero situado en los límites del jardín exterior. Por ello, la habitación solo contaba con un par de bombillas de bajo consumo, por si la sala debía ser utilizada de noche. Unas mesas alargadas, algunas con los extremos repletos de probetas, pequeños cubos y un par de botes y platos con cosas que muchos preferirían no averiguar qué eran.
Las paredes estaban prácticamente recubiertas de vitrinas, en las que se amontonaban todo tipo de especímenes vivos disecados y utensilios que el profesor solía utilizar. También contaba con un par de posters explicativos sobre la anatomía humana, que acompañaban a la perfección con un maniquí de un esqueleto a tamaño real muy útil, a pesar de que provocaba risas entre el alumnado porque Dan le sacaba al maniquí dos o tres cabezas, por lo que esa escala real estaba en seria duda.
Al fondo, una pizarra verde oscuro con signos de haber sido limpiada hacía relativamente poco. En una esquina se encontraba un armario con batines, guantes, zapatos para el jardín y demás.

Se acercó decididamente a este armario, abriéndolo, del cual salió un fuerte olor a cerrado y a humedad. Cogió dos batas "blancas" (o al menos lo habrían sido años atrás), pasándole una a Paul. Cogió también unos cubrezapatos para el jardín, y para rematar, una pinza con la que recogió elegantemente su larga cabellera en un moño improvisado. Sacó también de allí un par de guantes amarillentos con restos de tierra y otras sustancias en ellos.

-Esta bien, escucha bien porque no lo repetiré dos veces. Comencemos con las normas principales. Me tratarás de usted, y no pronunciarás palabra a menos de que yo te de el permiso o sea estrictamente necesario. Añadirás, además de todo eso, la palabra señor al terminar cada frase -le miró de reojo, haciendo una breve pausa-. Nuestro primer cometido va a ser podar algunas plantas y trasplantar un par de "experimentos" que tengo allí afuera -comentó en tono serio.

Abrió con otra llave la puerta de cristal que se encontraba en el laboratorio, y la dejó abierta invitando a Paul a que entrase.
Primero se comenzaban con trabajos, luego con recados personales, y cuando hubiese algo más de confianza... ya se vería.

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Re: ¡Vas a hacer lo que yo te diga!

Mensaje por Paul Kazama el Lun Ene 11, 2010 9:42 pm



bajaba a toda prisa las escaleras respirando hondo, esperando que el cansancio de bajar de esa manera me relajase por loméenos unos minutos, Dan bajaba las escaleras mas tranquilo y como no.. tuve que esperarme unos momentos...
uff... no se me borraba esa sensación cosquilleante en mi oído que me desesperaba.

Mientras esperaba, peleándome con migo mismo unos chicos de primero jugaban con una pelota ( había bajado por las escaleras exteriores para acortar cruzando el patio) y en uno de los chutes la pelota fue a parar a mis pies, como no los niñatos empezaron hacer gestos que se la pasase, contemple la pelota de color blanca manchada de barro.
-mmmm..- mire con rabia la bola, que mejor manera de desfogar parte de mi ira imaginando que esa pelota inocente era la cabeza platino de Dan y la chute con fuerza haciendo que esta se colase entre los árboles "EH!! k haces!"empezaron a gritar e ignore a los propietarios de la pelota y cuando el señor ya había bajado empecé a caminar.

Estábamos por los pasillos, porque nunca había nadie en ellos? me arrastraba con desgana por el lugar viendo unos metros por delante mío a Dan que parecía disfrutar de todo esto... santa paciencia no me abandones...

Tenia que hacerle caso a lo que se le encaprichase... si no lo hacia me jugaba una buena expulsión, ya me habían pillado mas de una vez con el tabaco y ya estaban bastante artos de mi.. así que echarme del centro no les seria gran molestia a parte que mas de un profesor compraría champán para celebrarlo.

Llegamos al laboratorio y el ruido estridente de la puerta me erizo la piel, "bienvenido al infierno" me decía a mi mismo y después que entrase el entre sin mostrar mucha ilusión de estar allí.

Aun así no pude evitar pasar la vista por la sala, acercarme a las vitrinas y examinar lo que había en su interior, pero Dan me lanzo una bata para que dejase ya de cotillear- una bata?- uy.. no me gustaba eso... mire con receló la prenda supuestamente blanca que mas bien era de color amarillo con algunas manchas descoloridas, "en fin" me metalicé y me coloque esa prenda, que como acto seguido no pude evitar olfatear- uhg... no laváis nunca esto?- dije con cierto tono de asco, Dan parecía ignorarme, sacar mas utensilios como guantes y una pinza para recogerse el pelo después de su "ataque panten pro-V" con ese insinuante movimiento de cabeza para atrapar el cabello, como las tías del anuncio del champú.
Terminado todas las preparaciones se dirigió a mi.. no... esto no me iba a gustar seguramente, otra vez me miraba con esa cara de satisfacción y eso me daba una muy mala espina.

Durante unos segundos de reflexión de mi parte para asimilar sus normas fueron:
1- tratarle de usted
2- no abrir la puta boca
3- ser cursi y acabar todas mis pocas frases con "señor"

oh por favor casi me echaba a reír de nuevo, aguante como pude la risa desviando la vista y encogiendo los hombros hacia ariba.
a que venia eso de "señor"?! aun alucinaba... lo único bueno que lo veía.. es que ya que poco iba hablar poco iba a tener que decirlo.

- si así lo desea, señor...- dije con tono serio. Pero BUAH!!pero que mierda era esa?! me quería echar a reír sin control, era totalmente ridículo, pero no me apetecía ver mas muertes de mis cigarrillos. Abrió la puerta del invernadero y me dio paso, solté un levé suspiro, bueno.. podar.. y ... llevar cosas que a lo mejor muerden tampoco iba a ser tan malo no?, así que sin mas, me adentre en el jardín en espera que mi "señor" me mandase otra orden con la que poder cumplir.
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Re: ¡Vas a hacer lo que yo te diga!

Mensaje por Dan Taylor el Mar Ene 12, 2010 12:41 am

Esperó con cierta impaciencia a que a su "ayudante" le diese por escuchar y obedecer la órden que acababa de indicarle. Parecía que vacilaba en algún aspecto, pero no acababa de comprender por qué. O más bien no le importaban (ni concernían) los motivos. Sin embargo, mantener mucho tiempo la puerta del invernadero abierta podía llegar a perjudicar las plantas, y aquello podía llegar a afectarle seriamente.
Finalmente, parecía que el señorito Kazama se dignaba a responder, con una frase completamente correcta, a la par excesivamente significativa para Dan, que sintió un enorme regocijo al comprobar que sus métodos comenzaban a surtir efecto lentamente. En cuanto el chico pasó, cerró la puerta tras de ambos, y dejó la llave colgada en la entrada, para no tener que estar pendiente de si se perdía en aquel amasijo verde.

Las cristaleras laterales y el techo de pvc le proporcionaban al lugar un aspecto de burbuja latente, en la que se estaba criando un verdadero pulmón. Una cantidad extrema de plantas ocupaba al lugar, dejando apenas espacio a aquellos que pretendía caminar o simplemente moverse o realizar cualquier acción entre ellas. Habían sido dispuestas de tal forma que cupiesen las más posibles, dándo poca importancia a cualquiera que fuese a permanecer allí un mínimo tiempo, fuese para lo que fuese, lo cual al profesor le parecía una excelente idea. Un humano no era tan importante como una planta, que además de ser varias miles de veces más hermosa proporcionaba al planeta oxígeno y actividad. Gracias a ellas el mundo seguía vivo. Gracias a los humanos el mundo se destruía.
Dentro hacía una temperatura prácticamente tropical. Se acercó a los aparatos de medida que tenía junto a la entrada para comprobar si todo estaba en orden.

-Acércate -le ordenó a Paul. Señaló con el dedo los diferentes aparatos-. Este es el termómetro que, como sabrás, marca la temperatura. La ideal para este tipo de invernaderos se situa en torno a los 27º; hay que asegurarse de que esta oscile aproximadamente alrededor de la cifra, o las plantas podrían verse afectadas -señaló entonces otro aparato, esta vez algo menos reconocible-. Este es un higrómetro, y sirve para medir la humedad en el ambiente. Si te fijas en esos números, marcan un 55% de humedad. No esta mal, pero podría reducirse un poco.

Se alejó de la mesa metálica en la que reposaban diversos instrumentos y materiales para la jardinería, y se acercó un poco más a las plantas.

-Aquí cultivamos plantas de origen tropical y subtropical, principalmente en vías de extinción -fue acariciando las hojas y flores de distintas plantas-. Chamaecrista glandulosa varomirabilis, zanthoxylum thomasianum, crescentia portoricensis, schoepfia arenaria, stahlia monospema.... -fue mencionando los nombres científicos de algunas de las plantas que se encontraban en aquel maravilloso lugar. No sabía si el chico le pondría interés, pero para él aquello era un mundo embriagador y fascinante.

Siguió paseando lentamente y explicando algunas de las cosas básicas para el cultivo, la jardinería y la floricultura, su especialidad. Paseó entre las orquídeas, su flor favorita, admirándolas con respeto y cariño infinitos. Pensó que realmente sentía un tremendo amor por aquellas flores. Las cuidaba como si se tratasen de la cosa más delicada del mundo. Se agachó ante una de ellas, rozando sus pétalos con la yema de su dedo índice, sintiendo un agradable cosquilleo. Sonrió, por primera vez de forma sincera. E, inconscientemente, su mirada se dirigió al Paul.
Le observó de arriba a abajo, y se detuvo momentáneamente en sus ojos. Los admiró, los excrutó, intentando recopilar hasta el más mínimo detalle sobre ellos.
No, allí debajo no había un chico estúpido y rebelde. Pero de aquello no debía darse cuenta Dan. No, no ahora, no con él, no en ese momento.
Cortó el contacto visual de forma rápida, girando la cabeza de nuevo hacia las flores, carraspeó ligeramente la garganta y volvió a incorporarse, pretendiendo volver a su estado de frialdad rutinario.

Se acercó a un grupo de macetas que contenían algo de tierra seca e indicó con un leve gesto a Paul que se acercase.

-Ayúdame a colocar estos maceteros sobre la mesa metálica. Cuando lo tengamos hecho, debemos coger esas plantas de ahí -señaló otro grupo de macetas más pequeñas en las que las plantas comenzaban a rebosar ya preocupantemente- y transplantarlas. Cuando lo tengamos listo te enseñaré paso por paso cómo ha de hacerse, ¿Entendido?

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Re: ¡Vas a hacer lo que yo te diga!

Mensaje por Paul Kazama el Mar Ene 12, 2010 10:08 pm

Entramos en el jardín, y Dan cerro la puerta después de que pasara dentro, se notaba radicalmente el cambio de temperatura que hacia allí, me sorprendí al notar esa calor algo sofocante comparado hacia unos momentos en el laboratorio que era como una nevera sin comida...

Agité levemente mi camiseta para que corriese un poco el aire por debajo de la ropa, mientras me embobaba mirando el sin fin de plantas que habían en ese lugar... si no fue se por las cristaleras del pequeño jardín parecía que estuviésemos en la jungla, me acerque curioso a mirar algunas de estas plantas, cuando Dan me llamo la atención para acudir donde el estaba, camine hacia el sin dejar de observar las macetas y demás, planteándome si de entre todas esas plantas abría alguna carnívora... quien sabe, pero no se porque me daba la impresión que algo así abría en esa mini-jungla.

Dan señalo unos aparatejos donde se media la temperatura...27 grados!! dios... en mi rostro se formo cierta exclamación, joder, podríamos poner una piscina y traer unas cervezas y no hacia falta irse de vacaciones a ningún lado...
Siguió ablando sobre como funcionaba ese sistema, se alejo entre las plantas y ciertamente no quería adentrarme por allí, parecía que entre tanto matorral saliese algún mono o algo.

Aun así me volvió a llamar... arf otra vez me dirigí hacia donde estaba sin muchas ganas, me sentía un perro haciendo caso a su amo -si?, señooor...- alargue la palabra con cierto tono ya cansado entre esa rutinaria forma de hablar y la calor húmeda del lugar, como era de esperar, comenzó a nombrar los nombres de las plantas que no logre recordar ninguno, entendía que fuesen muy extrañas y raras, pero un nombre mas común debían de tener...

Dan se le veía disfrutar mas que antes, estando en su territorio me sentía levemente vulnerable a lo que podía salir de allí. Suspire hondo dando un paso hacia tras, cuando algo rozo mi cuello suavemente que me hizo brincar e erizarme la piel
- pero que coñ...!!!- me giré de golpe para encontrarme con una rama traidora repleta de pequeñas hojas que mire desconfiante, entre tanta planta, terreno desconocido y esa calor sofocante me desorientaba.

Cuando volví a encontrar a Dan entre las plantas se le veía metido en su mundo "verde", entre unas flores de tonos rosados, blancos, jugando entre tonalidades, no dije nada solo me crucé de brazos esperando que volviese de su mundo, de repente, una sonrisa se dibujo en su rostro, pero... no era como las anteriores, una que hacia brillar su rostro de una forma diferente, su mirada me escaneo de arriba abajo y me sentí como si me "desnudase" con la mirada, aun con esa sonrisa en su rostro, clavo sus ojos en los míos y como un latigazo de electricidad me hizo reaccionar después de perderme en esos ojos grises
- que?...- murmuré no entendía porque me miraba así, eso aun me molestaba mas y como señal fruncí el ceño poniéndome a la defensiva.
Dan volvió al mundo real, desdibujando esa sonrisa para volver a su tono serio, como cambio su expresión...
por unos instantes me pareció todo imaginaciones mías ya que como si nada apareció de nuevo esa aura de superioridad en el y sus ojos volverse mas oscuros, como si nada se alejo hacia unas macetas
- eh!- no pude evitar decir, después de que se quedase en su mundo de "juppy" y no contestase a nada de lo que dijese.

fuu..- respire hondo, viendo que su particular gesto de " perro ven aquí". Ya me tocaba trabajar en serio.. ahora a llevar macetas de arriba a bajo, agarre una de esas grandes macetas.

Dios! como pesaban... y encima cruzar entre las plantas fue bastante difícil, porque no lo hacia el? Seguro que podía con las dos sin ningún problema.. a ya claro.. tenia un esclavo.
notaba que la ropa se me pegaba al cuerpo de la calor y la sudor que empezaba a recorrer mi cuerpo por culpa de esa maldita humedad y el cargar con macetas arriba y abajo.

- doctor no puedooo!- no pude evitar decir como en las telenovelas de la televisión dejando reposar mi cabeza en la mesa de metal que era lo único "frio" mediadamente - me muero de calorrrrrr...- dije casi, casi restregándome por la mesa
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Re: ¡Vas a hacer lo que yo te diga!

Mensaje por Dan Taylor el Mar Ene 12, 2010 11:19 pm

Se acercó a las macetas, y levantó dos a la vez, una con cada brazo, dejando un poco de lado a Paul, que parecía poder cargar solo una. Tuvo excesivo cuidado de no dañar ni una sola de las plantas que había en el lugar, y también puso especial ojo para que el chico no lo hiciera. Las dejó pesadamente sobre la mesa de metal, a un extremo. Aún quedaban bastantes, y la tarea iba a llevarles algunos minutos. A pesar de la mala cara del joven, parecía cumplir su trabajo resignadamente, llevando con cierto esfuerzo los cuencos de cerámica repletos de tierra hasta donde él mismo le había indicado. Tenía que reconocer que pesaban bastante, así que se sintió a gusto consigo mismo por haberle castigado de esa forma, evitando él casi todo el trabajo pesado.
Pero el sudor comenzaba a correr por la frente del chico, y su respiración se volvía más agitada. Dan parecía no comprender.


-Doctor no puedooo!- dijo como en las telenovelas dejando reposar su cabeza en la mesa de metal- me muero de calorrrrrr...- dijo restregándose por la mesa

Dan abrió los ojos como platos, especialmente sorprendido por la reacción de Paul, que se había convertido en una especie de muñeco de dibujos animados, o de personaje de una grotesca parodia de mediodía. No pudo evitar sentirse algo interesado ante la copulación imaginaria con la mesa, que le arrancó una media sonrisa, pero realmente no terminaba de comprender aquel acto que podía calificarse entre infantil y exagerado.
En un arrebato de crueldad, el profesor se acercó por detrás, apoyándose en la mesa, teniendo al chico de espaldas a él justo debajo de su cuerpo, pero sin llegar a penas a rozarle. La posición podía ser altamente malinterpretada. De hecho, si no fuese porque llevaban varias capas de ropa y la situación no venía nada a cuento, como el simple hecho de que alguien como Dan estuviese con un adolescente, aquello hasta le habría excitado. Como en otras ocasiones, acercó su boca al oido de él, no sabía si en un arranque por excitarle o porque ese gesto simplemente era común en su personalidad.

-Si tienes tanto calor, quítate la ropa -susurró levemente sobre su oreja. Dudaba que notase en exceso el aliento cálido, porque allí ya hacía suficiente calor, pero no le importaba.

Le encantaba jugar con aquel chico. Sus reacciones desmesuradas le hacían una gracia extrema. Los juguetes a los que tocas y no reaccionan son sumamente aburridos.
Se separó de él, volviendo a incorporarse como era debido, y se retiró la bata "blanca" lentamente. La verdad es que hacía mucho calor allí dentro. Y se dio cuenta entonces de que aquello era un verdadero tópico de filme pornográfico, pero el chico tenía razón. Se retiró el jersey de cuello alto negro, dejando entrever inconscientemente el ombligo y la parte baja de su vientre, que se unía con la línea de los pantalones que llevaba. Al terminar de quitarse la prenda, algunos mechones de pelo blancos como la nieve se deshicieron del perfecto moño, dándole un aspecto un punto más salvaje y desaliñado, sin quitarle una pizca de elegancia. Ahora lucía una camiseta gris manga corta con cuello de pico que mostraba la parte interna de sus clavículas, marcando la diferencia entre el pecho y el final del cuello. Sus brazos blanquecinos casi relucían con el brillo del escaso sol que se filtraba por las nubes; era tremendamente pálido. Volvió a colocarse poco a poco la bata, para no ensuciarse, y dejó bien plegado el jersey en un rincón.

-Puedes seguir trabajando -le anunció con prepotencia.
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Re: ¡Vas a hacer lo que yo te diga!

Mensaje por Paul Kazama el Miér Ene 13, 2010 11:18 pm

arf..- suspire aliviado sintiendo el contacto frió del metal en mi cara, acariciaba la mesa como si fuese un tesoro, no soportaba la calor, y eso me solía hacer delirar... de alguna otra forma intentaba olvidarme de esa sensación pegajosa que recorría mi cuerpo y caía por mi frente.
Cuando saliese de ese infierno iría corriendo a por una laaaaarga ducha bien fría.

Ahora yo sumergido en mi mundo, casi saboreando esa ducha, sintiendo el agua caer imaginariamente por mi cuerpo refrescando cada uno de mis poros de una forma tan placentera, la deseaba con tanto anhelo que asta que un sonido sordo de un golpe en la mesa me hizo reaccionar.

bajé al mundo real encontrándome con un brazo cerca de mi rostro, - mm?- extrañado mire de reojo al sujeto que tenia detrás, de una forma insinuante y ciertamente podía tener segundas intenciones y lo peor de todo peligrosa para mi gusto...
Dan me miraba otra vez con ese disfrute especial de cabronazo reflejado en esa sonrisa y me quede sin saber que hacer, sentí en ese momento su aliento volver a recorrer mi oído y como una calor mas fuerte abrumaba mi cuerpo lentamente, con ese comentario casi lascivo " Si tienes tanto calor, quítate la ropa "
sentí como una gota de sudor frió cayo por mi frente y mi mente actúo sola

- OH! Ricardo como puedes decir eso!?- ladee el rostro hacia el otro lado sin moverme, como pude observar estaba atrapado por ambos lados - ya sabes que mi corazón pertenece a don Ángel de la Orta! y tu estas comprometido con mi hermana doña Maria de los dolores!- me empecé a montar yo solo la película en espera que tal conversación le apartase del susto.

No se si fue por mi comentario, o no, pero se aparto y respire tranquilo moviéndome rápidamente de esa postura para evitar cualquier otro ataque o cercanía

Con parsimonia Dan se deshizo de la bata al igual que con el jersey. Con una sensualidad innata, solo faltaba una buena música rítmica y que apareciese una barra de metal...

Se alejo dispuesto a seguir con el trabajo, bueno mas bien a que yo me pusiera de nuevo manos a la obra, solté un leve suspiro y agité de nuevo mi camisa, me ahogaba de calor y no pensaba seguir soportándolo.
Di la espalda a Dan, no pensaba darle un espectáculo como el había echo, aunque fuese inconscientemente, y deje caer la bata resbalar por mis brazos para casi arrancarme la sudadera que cubría mi cuerpo, no pensaba volver a ponerme la ninguna pieza mas de ropa así que casi casi chute la bata para arrinconarla en un lugar donde no se pudiese manchar y deje la sudadera al lado.
Dan parecía impaciente de que volviese a por la faena y aun a sus espaldas me examine levemente, me sentía levemente flaco a comparación al cuerpo desarrollado de Dan, solté un leve bufido y choque mis manos

– volvamos a la obra Ricar.. digo ehem.. señor- dije dando leves palmadas pasando por delante suyo a por otra maceta algo mas relajado que antes por no sentir tanta calor

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Re: ¡Vas a hacer lo que yo te diga!

Mensaje por Dan Taylor el Miér Ene 13, 2010 11:56 pm

Había girado la mirada hacia el resto de las plantas. A pesar de que sabía que había conseguido sorprender al chico con su arrebatador arranque de sensualidad, tampoco quería presionarle excesivamente, o acabaría por largarse, y entonces tendría que expulsarle, y entonces se acabó el juego. Había más alumnos en la escuela, si, pero estaba seguro de que ninguno llegaría a divertirle tanto como este, que reaccionaba como un auténtico conejillo de indias que sabe lo que le espera e intenta revelarse completamente en vano. Le faltaba meterle en una jaula, atarle con un collar y darle de comer verduras crudas. La simple imágen de ello le arrancó una carcajada interior.
La verdad es que tenía que admitir que el chico tenía un punto adorable. Si no odiase tanto a los chiquillos como él, y la diferencia de edad (y altura, y madurez, y etc...) no fuese tan grande, se habría interesado por el señorito Kazama. Pero él no era un pederasta, claro que no, y sabía contener sus impulsos. No iba a dejarse llevar por una cara mona y una personalidad marcada.

Sin embargo, los comentarios que había hecho imitando una absurda telenovela latinoamericana le habían devuelto todo el odio que podía sentir. ¿Pero que.... memez era aquella? Si sus principios se lo permitiesen, sin duda, habría pensado en una palabra mucho más fuerte, pero prefería guardársela.
¿A qué demonios se debía el espectáculo televisivo? Parecía que quisiese atraer su atención o algo así. Le parecía de lo más ridículo....
...¡Y además había hecho el papel de chica! Aquel chaval no tenía remedio.
Giró la cabeza en una muestra de una seria vergüenza ajena, poniendo los ojos en blanco. La mentalidad de aquellas personas debía estar retorcida, debían tener algo raro en el cerebro que les impulsaba a actos como aquellos, ante la perplejidad más absoluta de los que les acompañaban. Sentían una especie de estímulo especialmente fuerte y abrían la boca para vomitar lo primero que se les pasase por la cabeza, sin pararse a reflexionar sobre lo que podría opinar la otra persona de él. Cuánto liberalismo, cuánta incertidumbre. Ojalá hubiese estudiado psicología en vez de biología en la facultad, seguro que así comprendería un poco más aquellos actos tan humanos y tan alienígenas a la vez.

Cuando volvió a desviar la mirada hacia el chico, levantó una ceja en señal de asombro instintivamente (si, sus impulsos no iban más allá de eso). Paul de repente había decidido no tener más calor, y se había quitado toda prenda de ropa de cintura para arriba. Dan no se quedó boquiabierto simplemente por el hecho de que no era normal en él. Se preguntó si su calor era extremo hasta ese punto o simplemente quería provocar. Bien es verdad que tenía parte del pecho, el cuello y la frente sudados, pero no consideraba que la temperatura fuese tan excesiva. O, tal vez, él ya se había acostumbrado a estar allí y no le parecía tan horrible.
Sus ojos captaron un brillo extraño en los pectorales del chico. Decidió, no sabía si realmente con ganas, examinarlo mejor.
¡Por la Santísima Trinidad! Aquel muchacho llevaba uno de aquellos aparatejos de metal clavado en la piel. Más que en la piel, en un pezón. Por Dios, ¿Cómo eran capaces de hacer aquello? Era doloroso, antinatural y altamente repulsivo. Tener un trozo de metal colgando de un sitio tan sensible, además, debía ser terriblemente incómodo. No le gustaban aquel tipo de cosas como los piercings o los tatuajes, aunque solía respetarlos. Sin embargo, nunca había visto tan de cerca uno en aquel lugar. No pudo reprimir un severo gesto de asco.

Paul parecía de lo más tranquilo, e incluso estaba dispuesto a trabajar. Peeeero, él mismo había empezado otro juego. Y a Dan le encantaban los juegos.
Se colocó los guantes de nuevo, que se había quitado al deshacerse del jersey hacía unos momentos, y se metió en un pequeño camino entre las plantas. Rebuscó entre ellas hasta dar con un pequeño arbusto que parecía excesivamente normal, como una especie de helecho con mucha hoja. Sin embargo, aquella era algo más especial. Con cuidado, cortó con las tijeras de podar una rama y la sujetó a cierta distancia, intentando no sacudirla demasiado.
Volvió a la entrada del invernadero, donde el alumno seguía cargando macetas. Con una pícara y diabólica sonrisa, sostuvo ante él la rama, le giró el cuerpo, obligándole a ponerse cara a él, y le pasó las hojas por el pecho en una leve caricia. Recorrió con ella casi cada centímetro de su cuerpo, terminando por producirle una leve rozadura en el pezón en el que llevaba el piercing. Soltó la rama.

-¿Sabes? Esa planta se llama Citropsis articulata -le dijo en voz baja. El silencio predominaba, así que el chico le había oido sin problemas-. También es llamada "Arbol del sexo", gracias a que posee unas esporas con un efecto afrodisíaco especialmente potente, que se hacen efectivas una vez tocan la piel.

Le lanzó una fugaz mirada a los ojos, y le cogió por el mentón dulcemente, pero a la vez presionando, y obligándole a que clavase sus dorados ojos en su fría y gris mirada. Carraspeó ligeramente la garganta.

-Cristina Isabel -comentó en un tono dramático y con un acento y gravedad de la voz que no eran propias en él-, yo sé que me amas. ¡Don Ángel de la Orta es tan solo un traidor! Además, has venido hasta aquí, y te has desnudado para mi. Vamos, Cristina Isabel, sabes que solo yo puedo darte el placer que deseas... -le puso una mano en la parte interior del muslo, sin llegar a tocarle nada, pero peligrosamente cerca de donde no debía (ni quería) tocar. Su tono de voz volvió a ser el normal-. Esto te ayudará con tu fogosidad.

Y, sin más, se separó y siguió cargando macetas. No, aquí si alguien jugaba, Dan jugaba, y además intentaba ganar. Por el momento, aquella era una lección para que aprendiese que cuando hay tiempo de jugar, se juega, y cuando no es tiempo de jugar... él lo detenía ganando.

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Re: ¡Vas a hacer lo que yo te diga!

Mensaje por Paul Kazama el Jue Ene 14, 2010 12:45 am

me encontraba a gusto sin la molesta sudadera y aquella bata vieja, me movía con mas facilidad y parecía que asta me costaba menos llevar esas pesadas macetas.

Dan clavó la vista en mi pecho, simplemente ignore esa cara de asco que puso al descubrir mi decorativo pirsing, tampoco era para tanto... esa cara de asco se pasaba demasiado, ciertamente a mí me gustaba, hacia mas particular mi cuerpo.

Agarre otra maceta ya quedaban menos, quería terminar lo antes posible y pirarme de ese lugar- solo faltan tres mas..- murmuré dejando la ultima maceta que llevaba en la mesa, ya había llevado unas cuantas y Dan había desaparecido entre las plantas, fruncí el ceño en búsqueda de ese carbonazo haber si pencaba el también un poco.
De repente algo me giro bruscamente, de donde había aparecido Dan? - que?- dije sin fiarme un pelo, tenia una mirada mas perturbante que la de antes , claramente ese hombre no estaba bien de la cabeza, quise apartarme pero casualmente tenia la mesa detrás de nuevo - no me jodas! solo quedan tres macetas déjame pasar- dije con un tono amenazador.
Como no, ignorándome se quedo como un mueble delante mío indispuesto a moverse de allí, algo me llamo la atención en su mano, una rama...
- que es eso?- dije sin fiarme, cuando de repente la paso por mi pecho con una leve caricia - ... eres feliz?- dije antes de que empezase hablar.


"árbol del sexo?"
Al principio no me lo creí, desde cuando permitían tener semejante planta en un colegio? me lo quede mirando con cara de " no siento nada imbecil"
Levante mis hombros con resignación de que totalmente ese hombre estaba mal de la cabeza dispuesto a seguir con mi faena.
Cuando me agarro por el mentón sin dejarme ir - hazme un favor.. ves a un puto siquiatra!...- dije medio chillando que fue disminuyendo levemente la voz acabando casi en un susurro al sentir esa mirada frívola y a la vez fogosa clavarse en mis ojos, un escalofrió recorrió todo mi cuerpo

Su voz resonó grabe y particularmente atractiva, arf.. me sentía levemente mareado y mi respiración se desigualo por momentos- no sabes actuar..- mentí, desvié esa mirada que me comenzaba a deshacer por dentro.. PERO QUE COÑO! al igual de verdad esa planta tenia esos efectos?

jodeer!!- gruñí o gemí dependiendo de como verlo al notar la cálida mano de Dan en la parte interior de mi muslo - .....!!- una fuerte sensación de lujuria me dejo sin voz y luche para no perder la poca cordura que me quedaba.

No sabia si agradecerlo o pedirlo a gritos, pero Dan se alejo y resbale asta el suelo volviendo a sentir de nuevo esa calor sofocante ahogar mis pulmones y ahora tenia que soportar una sensación muy desagradable de mareo.
- concentración..- murmuré casi arañando el suelo húmedo, me sentía totalmente fuera de mi, como si manos imaginarias jugueteasen por mi cuerpo.
-no perderé mamon..- gruñí entrecortadamente, la poca vista que me quedaba me fue la suficiente para ver de nuevo esa rama tan peligrosa.

Como pude me levante tambaleante, levantarme me supuso otra aura de calor tremendamente deliciosa que casi me tira de nuevo al suelo.
Con un pedazo de la rama en la mano lo suficiente escondida para que Dan no lo viese... me las iba a pagar por triplicado...

morirás...
- d..dan..- gemí entrecortadamente dejándome resbalar de nuevo
- no.. arf.. no puedo respirar- fingí.. aunque la situación se acercaba a ello.
me puse el papel de actor encima, dejándome lucir de una forma hacia felina, entrecerré los ojos y sentado de una forma desordenada en el suelo a acaricié con una mano mi flequillo sudoso hacia tras agobiante
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Re: ¡Vas a hacer lo que yo te diga!

Mensaje por Dan Taylor el Jue Ene 14, 2010 9:25 pm

Se sentía ganador. Se sentía un completo ganador. Le faltaban destellos a su alrededor para dar a comprender la cantidad de ego que portaba en su mirada en aquellos momentos. Su poderío y grandeza podían verse reflejados ahora en su expresión, completamente digna. Triunfante, miró al cielo, que podía vislumbrar a través de las capas de pvc que cubrían la burbuja calorosa y transparente, y que distorsionaban ligeramente la visión del exterior. Parecía que las nubes iban abandonando el firmamento, dejando espacio a un apagado y pálido sol que lanzaba tímidos rayos a la superfície de la Tierra. En realidad, deseaba que volviese a llover, ya que le encantaba, le hacía sentir vivo... pero admitió que necesitaba calor para las plantas. El agua podía esperar para otro día.

O no, parecía. Estaba de espaldas a Paul, pero notó sus movimientos torpes, e incluso llegó a escuchar algún que otro gruñido apagado, o gemido, o a saber qué. Entre las esporas de la planta, el acercamiento, el tocamiento que había tenido con él y el calor del lugar seguramente habrían conseguido una furiosa excitación en el chico, que estaría en esos momentos revolcandose por los suelos.
Seguramente estaría decidiéndo si atacarle de nuevo o irse de aquel lugar. Al fin y al cabo, tal y como se sentía, lo más recomendable no era estar con alguien que poseyese las características, la sensualidad y el encanto físico de Dan. Lo comprendía, lo comprendía, y aunque pensase seriamente que el hecho de que su juguete nuevo tuviese que irse un buen rato, posiblemente hasta el día siguiente, era algo molesto, reconocía que el gesto que había tenido con él había sido ciertamente exagerado, e incluso impropio por su parte dado el carácter sexual que le había atribuído al supuesto castigo, pero aún así no se arrepentía.

De repente, movido como por un resorte, se quedó medio petrificado en el sitio, intentando asimilar lo que acababa de escuchar. Primero, como el chico caía al suelo, y segundo, una voz suplicante, gimiendo, y pronunciando entrecortadamente su nombre.
Su primera reacción fue excitarse levemente, recordando otros momentos, y a otros hombres, que habían terminado por pronunciar su nombre de aquella misma manera, suplicantes de placer. Sabía que la planta tenía un fuerte efecto afrodisíaco, pero, ¿Tan mal estaba? Es normal, era joven, tenía las hormonas a flor de piel, y también tenía a una belleza como él al lado, pero el hecho de estar ya gimiendo le parecía ciertamente excesivo. Se preguntó seriamente si iba a pedirle algo, se le iba a tirar encima o acabaría por violarle allí mismo. Uff, suerte que tenía más fuerza que él, porque si no aquello acabaría en una situación ridícula y desagradable.
Con miedo a lo que pudiese encontrarse, giró la cabeza lentamente, para observar al chico, estuviese como estuviese (además de tirado en el suelo, sudoroso, sin camiseta y gimiendo su nombre). Tal cual, se lo encontró con la mirada perdida entre el suelo y su propia persona. Respiraba casi con dificultad, jadeando.

- no.. arf.. no puedo respirar- dijo de repente. Dan abrió un poco más los ojos.

Demonios, ¿se estaba quedando sin respiración? La falta de sangre en la cabeza por la excitación, el exceso de calor, tal vez la falta de agua.... comenzó a ponerse mínimamente nervioso.
Se acercó a zancadas hacia él, y se agachó, poniendo una mano sobre su sudada espalda. Estaba ardiendo.

-Lo primero, tranquilizate -le dijo, intentando aplicarselo también a si mismo-. Intenta relajarte y abrir tus pulmones, ¿De acuerdo?

Aquella respiración, aquella postura, aquel malestar le recordaba a los ataques de ansiedad que sufría él de jóven. Sabía que en aquellos casos lo mejor para pararlo era calmarse, al menos era el primer paso. Lo de Paul era distinto, pero seguramente funcionase igual.
Pensó también en sacarlo afuera, pero el cambio brusco de temperatura podía afectarle negativamente, y además cogería algún resfriado como mínimo, por no hablar de una pulmonía. Y, para colmo, el agua de la que disponían allí no era potable. Se le ocurrió que podía ir a buscar más, pero aquello significaba dejar al chico solo, y si le pasaba algo no podía reaccionar a tiempo. Pensó....
... e hizo lo primero que se le vino a la cabeza.
Se acercó al señorito Kazama, y le sopló en la nuca, intentando así que su temperatura corporal se estabilizase mínimamente. En aquel punto de la anatomía humana podían llegar a regularse cosas como aquellas. Esperaba que el aire frío le hiciese recuperar mínimamente la cordura y le quitase el agobio.
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Re: ¡Vas a hacer lo que yo te diga!

Mensaje por Paul Kazama el Jue Ene 14, 2010 10:57 pm



Mi cuerpo actuaba como una bomba de relojería... el calor me abrumaba, y una sensación cosquelleante llenaba mi cuerpo, alce levemente la cabeza, paseando mi vista por el cuerpo que se hallaba de espaldas en frente mío, estaba inmóvil, y ligeramente tenso, parecía que mi don de fingir estaba dando efecto.
su cuerpo se tenso aun mas y giro con cierto temor la cabeza, mostrándome de nuevo su pectoral decorado con esa camisa ajustada, marcando cada uno de sus músculos, esa camisa de pico que dejaba ver su clavícula marcada, un cuello firme y mechones blancos juguetear por el algunos pegándose por la calor otros revoltosos y... Pero a que me dedico!!?

bajé la vista mareante, y jadee levemente siguiendo mi actuación.
Dan se veía algo temeroso en dirigirse a mi o no, pero acabo agachándose a mi lado, su mano se poso en mi espalda y un cosquilleo invadió la zona, oh.. deseaba que su mano pasease lentamente por mi espalda, siguiese por las costillas juguetease en mi pecho y resbalase asta mi vientre... per... pero.. DIOS! que alguien me pegase una OSTIA!!! estaba perdiendo la cabeza.

"lo primero tranquilízate" su voz sonó pasiva con una leve pizca de preocupación, tranquilizarme.. ya claro.. no haberme jodido so imbecil!, quise decirle.
agarre con una mano la camisa de Dan como apoyo - arf..ng- trague saliva "intentando" hacer caso a lo que decía, necesitaba que bajase mas la guardia...

De repente, sin esperarlo, una suave sensación fría desbordo mi concentración recorriendo mi nuca, dioss... me moría.. me moría del gusto!
mi cuerpo tembló como una hoja de papel y como único soporte deje caer mi cabeza encima de la mano que sujetaba la camisa de Dan.

Esta vez si que me había quedado sin aire, esa sensación me había provocado la misma cuando te echan un cubo de agua fría por la espalda y aunque respires hondo no logras que el aire traspase tus pulmones quedándote paralizado notando como esa sensación recorre todo tu cuerpo y como la sangre se acelera.

Pero era ahora o nunca...
intente no perder la poca conciencia que me quedaba, levante dificultosamente mi rostro, no sabia que expresión mostraba, solo notaba mi cara arder, con la broma me había pegado bastante a Dan estaba a pocos centímetros de su rostro aun jadeante seguí mi ultima actuación, hice unos leves gestos débiles, de que seguía teniendo dificultades, acerque mis labios a su oído como intento de hablar de nuevo, mientras sigilosamente acercaba la mano en la que llevaba mi venganza
en mi interior se dibujaba una sonrisa maléfica...
como acto reflejo no pude evitar saciarme y en espera de desarmarlo pegue un lametón a su oreja
-... ng...ricardo- ronronee deshaciendo toda cuarta para impactar mi mano en su boca ayudándome con la otra e introducir las hojas que llevaba rato ocultando.
Me daba igual que me mordiese pero ese mamon iba a pagarlo por triplicado... quien "avisa" no es traidor....

Sonreí maléficamente al haber logrado que por loméenos parte había acabado dentro de su boca no sabia como, estaba casi casi encima suyo y triunfante me dispuse a salir de allí como almas que lleva el diablo... porque una buena me iba a caer si no salía YA! de ese lugar....

me levante de golpe y salí tambaleante casi casi saltando entre las plantas hacia la puerta sin mirar atrás me abalance contra la puerta de cristal y luchar contra las llaves para abrirla de una maldita vez.
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Re: ¡Vas a hacer lo que yo te diga!

Mensaje por Dan Taylor el Vie Ene 15, 2010 7:52 pm

Parecía que poco a poco su respiración se iba calmando ligeramente, y el chico recobraba parte de su buen aspecto. Aún así, a pesar de todo, parecía aún muy alterado, y Dan no pudo evitar pensar en los efectos de la planta. Si no fuese porque no tenía fuerzas, estaría subiendose por las pareces, seguro. Pobrecillo, pensó irónicamente. Eso le enseñaría que la próxima vez no haría el idiota con él, o al menos se lo pensaría dos veces, lo cual ya era un enorme paso.
Sin embargo, ahora lo importante era conseguir que se tranquilizase. Si bajaba un poco la temperatura de su cuerpo y hacía acopio de las fuerzas suficientes, podía ponerle varias capas de ropa y sacarlo afuera, donde seguramente se sentiría mucho mejor. Pero de momento no podía hacerlo, y estaba en un punto más que muerto respecto a todo ese asunto.

Su cabeza reposó repentinamente en su mano, anclada a su pecho, así que indirectamente Dan pudo concluir que la cabeza del chico descansaba sobre su pecho. Por una parte, pensó que podía tener intenciones algo serias debido a la droga que le había administrado y a su gran atractivo físico. Estaba en serios problemas de ser forzado por un menor rebelde, y aquello no le hacía gracia. Le miró apartando ligeramente su cabeza del cuerpo ardiente de Paul, que estaba volviendo a jadear.
Maldición, pensó. La corta distancia provocaba que el profesor notase cada una de sus cálidas respiraciones sobre su pecho y parte de su cuello, haciendo que incluso él comenzase a sudar levemente. En cuanto volviese a su habitación, se iba a dar una buena ducha, desde luego. Cada vez se iban acercando más, en apariencia porque el alumno quería decirle algo al oido, ya que seguramente las fuerzas que tenía le permitían susurrar y poco más. Se mostró reacio a esa proximidad, pero no tuvo más remedio que aguantarse.

Entonces Paul Kazama cometió un error fatal.

En un arrebato de venganza, o de burla, o a saber que demonios, se le ocurrió la estúpida idea de darle un lametón en la oreja a Dan, mientras gemía el odioso nombre de "Ricardo".
Automáticamente, a este se le erizó cada vello de la nuca, la piel se le puso de gallina y notó un fuerte cosquilleo en el vientre y en el bálano. Cerró los ojos con fuerza y tomó una fuerte bocanada de aire, intentando por todos los medios no perder el control sobre si mismo y acabar cumpliendo condena en la cárcel por cometer un serio acto de violación pederasta en su puesto de trabajo. Sin embargo, acababan de tocar (lamer) uno de sus puntos débiles.

Y entonces hubo otro error.

En un rápido movimiento por su parte (un aplauso a su agilidad, por favor), le introdujo la rama de la Citropsis en la boca, impidiéndole a su vez casi que la escupiese; seguidamente, se levantó como pudo y salió disparado hacia la puerta, olvidándose de su ropa e incluso de que una vez fuera iba a sufrir un serio golpe de frío que le bloquearía los músculos. Era un auténtico cateto.

Al intentar levantarse del suelo, notó un aumento excesivo de su temperatura corporal. Bien es verdad que la constitución física de Dan era más grande que la de Paul, pero el hecho de haberle metido la planta en la boca posiblemente potenciase bastante los efectos. No estaba seguro porque nunca lo había probado, sinceramente. Pero lo estaba comprobando en aquel momento.
Por un segundo, vio todo lo que le rodeaba algo borroso, y noto una gota de sudor recorriéndole la frente y pegándole un mechón de pelo a la piel. Que asquerosidad, Dios Santo.
Terminó de incorporarse, notando como la sangre le bajaba lenta pero irrefrenablemente hacía un lugar específicamente concreto. Molesto, excitado, enfurecido y en parte alegre recreándose en sus propios pensamientos de cómo iba a pagar Paul su insolencia. Dio un par de grandes zancadas hacia el chico, que acababa de abrir la puerta exitosamente, y salió corriendo tras él. Sus piernas eran más largas, y eso le aportaba una pequeña ventaja.
Al abrir la puerta del invernadero, sintió un fuerte frío que se le colaba por cada rincón de su cuerpo y se le calaba en los huesos. En vez de maldecir, lo agradeció, ya que provocó que su erección disminuyese un poco.

Consiguió alcanzar al señorito Kazama a unos cinco metros. Le agarró violéntamente por detrás, poniendo un brazo alrededor de su cuello y con la otra mano le cogió directamente de su miembro, apretando fuertemente, hacia arriba. Por la fuerza que estaba ejerciendo (posiblemente más de la que quería reconocer) consiguió levantarle mínimamente, dejándole de puntillas. Pegó sus cuerpos, haciendo que su trasero rozase con su gran envergadura. Sin duda le estaría haciendo daño y excitándole a la vez.

-¿Crees que puedes hacer algo como eso y salir luego tan tranquilo? -le preguntó en tono duro y amenazante, con una voz algo más grave que la que solía utilizar. Apretó un poco más su sexo-. Te duele, ¿Verdad? Y además te excita. Quieres ganarte la expulsión inmediata, ¿No es cierto? -con un fuerte impulso, lo lanzó literalmente al suelo, quedando el adolescente tumbado. Con eso se ganaba al menos un moratón en el brazo con el que había aterrizado.

Seguidamente, se colocó sobre él a cuatro patas, dejando su lacio, brillante y sedoso pelo cayéndo por ambos lados de su cara, creando una cortina que cubría sus rostros, ahora muy cerca el uno del otro.

-Pretendes excitarme sin motivo, ¿Quién te crees que soy? -volvió a agarrarle del miembro, esta vez con menos dureza, y proporcionándole placenteras caricias-. Creo que te equivocas si crees que soy el tipico hombre con escrúpulos y moral que simplemente firma un parte de expulsión ante estos casos... -mordió fuertemente su cuello, dejándole una marca que le duraría mínimo dos semanas.

Sujetó sus muñecas por encima de la cabeza con una sola mano, inmobilizándole los brazos, y con la mano sobrante, que seguía acariciando su sexo, le desabrochó completamente el pantalón.
En aquellos momentos comenzaba a perder la cordura seriamente. En una situación normal, cualquier humillación habría bastado, pero su ardor interior provocaba una serie de pensamientos, de deseos y de fantasías que nublaban su consciencia, arrastrándole a un camino de lujuria en el que realmente no quería adentrarse.
Siguió acariciando, mordiendo y lamiendo gran parte de su cuerpo, estallando en llamas y deseando simplemente desfogarse con aquel cuerpecillo juvenil.
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Re: ¡Vas a hacer lo que yo te diga!

Mensaje por Paul Kazama el Vie Ene 15, 2010 9:07 pm

La puerta se abrió y una oleada de frió increíblemente fuerte impacto en mi cuerpo, aguante la respiración sintiendo como mis músculos se tensaban, pero no estaba dispuesto a quedarme allí en espera que mi cuerpo entumecido y dolorido por ese cambio se acostumbrase, principalmente.. porque dan se había levantado y como una fiera pegaba zancadas hacia mi!, corría el peligro que si me cogía tenia totalmente las de perder y acabar muerto devorado por plantas carnívoras.

salí por patas a la máxima velocidad por la aula moviendo sillas y asta mesas en espera que lo interpusiese en su camino -" corre como el viento perdigón"- me dije a mi mismo cerrando los ojos con fuerza al ver a pocos metros la puerta, creyendo que seria mi salvación ya alzando la mano hacia el picaporte... un ultimo spring....

casi... casi llegaba a la puerta, cuando a mi pesar vi reflejada la sombra de dan a escasos metros de mi " mierda!" ya estaba perdido, una fuerte sensación de angustia me desoriento.
Su brazo aprisiono mi cuello echándome para tras, pegándome contra su cuero que ahora ardía de una forma brutal, su brazo me ahogaba levemente, con el brazo restante agarrando mi miembro sin ningún escrúpulo, su cuerpo pegado al mío desbordante de calor notando cada rincón que rozaba, me provocaba una cierta sensación de terror y placer pero si no hacia algo acabaría muy mal...

No me arrepentía de haberme vengado, encima de tener que soportar sus burlas tenia que aguantar esos ademanes y esclavizarme... pero provocarme de esa forma? nunca...
intente deshacerme de su brazo que aprisionaba mi cuello, pero todo intento fue inútil, solo lograba que este apretase mas.

- Tu!? excitarme? JA! es por esa puta planta so mamon! - gruñí enfadado perdiendo los estribos, me sentía impotente sin salida y que acabaría muy mal pero aunque fuese así no iba a mostrar ni pizca de pena ni quería compasión ni pediría clemencia
- venga ya! si a mí me expulsan tu también acabaras en la calle por pederasta so perra!!- mi voz era estridente y furiosa sentía que la garganta me ardía, pero aun así mi cabeza se sentía débil y como si todos esos gritos fuesen leves susurros casi inaudibles. joder...

como si fuese un muñeco sin vida me echo al suelo con fuerza, me llevé por delante alguna silla y caí de espaldas al suelo, un dolor punzante recorrió mi hombro arañando mi espalda -gh!- el frió suelo me hizo estremecerme sintiendo mas dolor, joder estaba en mucha desventaja y mi cuerpo se iba paralizando poco a poco notando que el miedo empezaba a reaccionar como una ponzoña que lentamente se extiende sin poder evitarlo.
Dan se quedo a cuatro patas, unos ojos fríos que solo de verlos dolía me hicieron recordar los ojos brillantes que momentos anteriores me había mostrado.
Ciertamente en ese momento ya no existían tales.
La cortina de cabello blanco que caía de la melena de dan sepulcraba la vista laterales de mi rostro, y empecé a sentir una sensación claustrofobia.
Mi rostro se mantenía lo mas pasible posible, tenso sin mostrar expresión, intentaba mantener la poca calma que tenia en esos momentos casi olvidando toda sensación afrodisíaca que llevaba en mi cuerpo.

"Pretendes excitarme sin motivo, ¿Quién te crees que soy? "
la voz de Dan seguía siendo grabe y rasgada que rebotaba en mis oídos, trague saliva, mi mente quedo en blanco sin saber que hacer, era como estar en una habitación totalmente cerrada y golpear las paredes en espera que algo apareciese
Algo placenteramente delicioso me hizo reaccionar, al volver sentir como Dan jugueteaba sin tanta bestialidad en mis partes - ng..!- mis brazos aprisionados por sus manos quisieron huir solo haciendo que aun me sintiera mas atrapado, mi corazón latía desbocado sin control y desigual, solo escuchaba ese sonido desbordado que parecía que en cualquier momento explotase.
"basta joder.." quería gritarlo pero mi orgullo aun seguía en pie ante esos ataques.
Aunque poco iban a durar, cuando el frió tacto de los dientes de Dan clavarse con furia en mi cuello me arrancó un grito de dolor -ngh aaaarh joderrrr!!- apreté mis ojos con rabia y mordí mi labio inferior para no soltar otro grito, parecía que iba arrancarme de cuajo el cuello si seguí así.

No conseguía nada... atrapado sin fuerzas que se me esfumaban rápidamente por la boca me sentía impotente de mi mismo, casi dejándome llevar por la mano que me hacia estremecer ya solo separando por la tela de los bóxers, caricias y lametazos invadían de una forma cosquillearte mi cuerpo, aun así, mi mente se nublo y mi vista empezó a desorientarse, desenfocando y cegándose con la luz los fosforescentes del techo.
Una sensación de eco me invadió, solo escuchando mi respiración agitada y los latidos desiguales.
Mi vista se nublo de tal forma cayendo en una espesa mancha negra, deje de ver nada, sentir nada, mi cuerpo no aguanto mas dejándome inconsciente, y solo en compañía de la desesperación.

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