Lo siento

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Lo siento

Mensaje por Kenda Matsuyama el Jue Jul 01, 2010 2:28 am

Realmente no estaba preparado para aquello. ¿Cuándo había sido la última vez que había visto a Tatsumi Naoka? Lo añoraba, eso no lo podía negar. Había sido su primer mejor amigo desde que se había convertido en un... bueno, en un "hombre".

Las piernas le temblaban mientras caminaba por el pasillo de la residencia, en la zona de las habitaciones de los docentes. No por nada, sino por el simple hecho de que no tenía ni idea de como demonios iba a enfrentar a Naoka. Se lo imaginaba cabreado, gritándole por haberle abandonado tanto tiempo... ¡Pero no era su culpa! Su hermana se había puesto peor... el médico le había llamado... se había sentido responsable... bah, esos asuntos familiares que son irrecusables.

Ahora mismo se arrepentía de no haberse parado en alguna taberna - o en algún supermercado si la cosa era demasiado llamativa - para comprar un par de cervezas o algo más fuerte que le dejase ebrio antes de comenzar. Borracho solía expresar mejor sus sentimientos. ¡Qué demonios! ¡No es como si Naoka fuese una jovencita adolescente a la que había dejado embarazada! De hecho, ni siquiera era su novio. Pero lo echaba de menos de un modo absurdo e infantil, como si necesitase abrazarle para sentirse bien consigo mismo de una vez por todas.

Se detuvo ante la puerta que poseía un 38 colgado en ella. Esa era la habitación de su mejor amigo. Se rascó la nuca, nervioso. Miraba a un lado y a otro, observaba las bombillas del techo o miraba una pelusa que pasaba por el suelo justo ante sus pies. La situación cada vez se estaba volviendo más y más absurda. ¿Debía golpear la puerta sólo una vez? Quizá dos... aunque la verdad es que nunca había ideado un "código secreto de amigos" con Naoka.

Sin pensarlo mucho más tiempo, golpeó la puerta con bastante fuerza. Había intentado reprimirse, pero le temblaban las piernas y no controlaba demasiado sus impulsos. Incluso tenía la sensación de que estaba sudando frío - lógico, con cuero negro en verano y bajo el foco abrasador de las lámparas de la residencia... lo extraño hubiese sido que no sudase nada -. Y de pronto, se impacientó.

- ¡Naoka! ¡Ábreme diantres! - golpeó de nuevo, angustiado - ¡Soy yo, Matsuyama!

En poco tiempo acabaría sin piel en el labio inferior. Mala costumbre. Cuando se sacaba de quicio a si mismo, se comenzaba a morder el labio irremediablemente y ahora no podía cesar en ese tonto "tic".

- Naoka, espero que no te hayas olvidado de mi porque de lo contrario... - bajó el rostro, apoyando la mano derecha sobre la puerta y sobre ésta, el peso de su cuerpo - ¡Tiraré la puerta abajo y te patearé el culo!
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Re: Lo siento

Mensaje por Tatsumi Naoka el Jue Jul 01, 2010 3:06 am

Agradecido estaba de que en el interior de aquella habitación sólo me hallase yo en ese preciso instante, pues, el sobresalto ante el jaleo de la puerta no se hizo esperar y si alguien lo hubiese visto en primera persona, algún comentario salido de tono se hubiese generado. No tenía ni idea de la hora que era, ni siquiera del tiempo que llevaba allí. Después de tanto, había conseguido perder un poco la noción temporal de la realidad en sí, a cambio de algo de tranquilidad personal. Pero, claro, lo que sin duda no había olvidado era aquel tono de voz. ¿Qué estaba haciendo allí? Ni idea, hacia algún tiempo que le había perdido la pista y no entendía muy bien qué estaba pasando. Me levanté algo dubitativo del escritorio, dejando a medias un borrador que aun ni siquiera estaba finalizado, meditando si debía abrir o no. Quizás, lo mejor era seguir “oculto” sin dar demasiadas señales de vida, visto lo visto. Pero, tampoco era plan permitirle que derribara aquella puerta, porque estaba seguro de que sería capaz de hacer algo así, y armase un jaleo en el cual ambos saliésemos mal parados. Y no, ya había tenido suficiente.

-Mmm…

Varios pasos, la mano colocada en el pomo de aquella “barrera” entre ambos y un largo suspiro, dieron paso a que ésta se abriese unos centímetros en un gesto tímido y lento, sin que terminase de mostrar mi figura al completo. Podía y daba la sensación de que estaba escondiéndome tras la puerta como si fuese un crío sin muchas más opciones ante un mayor imponente.

-¿Matsu? Esto… Creo que te has equivocado de habitación, ¿sabes?

Menudo primer saludo. Pero, ¿y qué pensaba que iba a decirle en un momento así? No era todo culpa suya, desde luego que no. Y seguramente, en otras circunstancias me hubiese lanzado a sus brazos para darle el mayor abrazo que un amigo podía darle a otro después de tanta ausencia. Pero, así eran inevitablemente las cosas…

-¿O te has perdido?
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Re: Lo siento

Mensaje por Kenda Matsuyama el Jue Jul 01, 2010 3:13 am

No lo pudo soportar, aquello era demasiado. ¿Dónde estaba su Naoka? ¿Qué demonios habían hecho con él? Tres ver aquella figura bastante más demacrada de como la había dejado tiempo atrás, oculta tras la puerta, observándole por un espacio de apenas centímetros entre ésta y el marco.

- ¿Naoka...? - su voz sonó dubitativa, como si de verdad se hubiese equivocado. Pero no, aquellos eran los ojos, algo más oscuros, del hombre al que quería como si fuese de su propia sangre - ¿Qué te han hecho?

Mantuvo la mano sobre la puerta y, con un leve empujón la abrió más. Entonces, como si de un instinto se tratase, dio un paso hacia delante, tomó la nuca de su mejor amigo con la mano que tenía libre y lo acercó a sí, intentando protegerle. Con delicadeza, consintió que el rostro de Naoka reposase sobre su pecho.

- No te preocupes, he venido a verte a ti... necesitaba volver a abrazarte de este modo - besó cariñosamente su frente - Déjame entrar y explícame donde demonios has dejado el brillo de tus ojos - fue apenas un susurro, casi como una confidencia.
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Re: Lo siento

Mensaje por Tatsumi Naoka el Jue Jul 01, 2010 3:43 am

Aquella reacción por parte del otro acababa de echarlo todo a perder. Había pasado las últimas horas ejercitando una estúpida fachada que me permitiese un enfrentamiento factible con el mundo exterior al que tanto comenzaba a odiar, y él, repentinamente salido de la nada y recién llegado ya la había derribado sin más. Por ello, no sabía si cabrearme por algo así y echarle a golpes de allí, o si simplemente, darle las gracias por su aparición, pues, ahora necesitaba su apoyo más que nunca. Y es que él era justamente el refuerzo que tanto necesitaba y además, estaba completamente seguro de que era una de las pocas personas que sabía con plenitud como tratarme.

-No… No hay mucho que explicar… - esbocé en el aire, separándome de él prudentemente para evitar desbordarme aun más y acabar entre un llanterío difícilmente frenable. -No ha pasado nada de lo que debas preocuparte... Estamos en un instituto, ¿recuerdas?

Inaudito. Me sabía de memoria cada palabra que pensaba soltarle cuando le tuviese enfrente, y ahora, todas se habían esfumado. Su visita en sí me había descolocado al máximo y no tenía claro cómo actuar sin preocuparle, porque ya nos conocíamos lo suficiente como para darlo todo el uno por el otro si las cosas estaban fuera de lugar.

-No te olvides de cerrarla bien al entrar…

Y me adentré en la habitación tembloroso y nervioso, buscando dónde sentarme para disimular la sorpresa que me estaba provocando todo aquello, sin mirarle, mientras hallaba en mi interior un resquicio de seguridad para continuar la conversación que se avecinaba.
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Re: Lo siento

Mensaje por Kenda Matsuyama el Jue Jul 01, 2010 3:51 am

¿Qué? ¡¿Qué?! ¡Venga ya! Pero si hasta un niño pequeño se percataría de que algo iba mal, pero que muy mal, en la vida de Naoka. Sin más, se adentró en el cuarto y cerró la puerta tras de si. Miró su propia mano durante unos instantes, sintiendo el frío tacto del pomo entre sus dedos. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Cómo debería empezar?

No lo pensó demasiado y se acercó a la cama. Se sentó sobre ella, dio dos palmaditas en el lugar que se encontraba justo a su lado y después tendió una mano hacia Naoka, intentando hacerle comprender.

- Venga, ven aquí - suspiró levemente - yo haré que te sientas mejor.

Todo aquello sonaba mejor en su mente. Dicho en público... sonaba incluso a cosas pervertidas. Pero no, esa no era su intención, simplemente había sido casualidad. Extendió un poco más los dedos de la mano, como si intentase alcanzar al hombre que estaba frente a sí sin moverse un ápice de su posición. Después, esbozó una sonrisa amigable y algo apenada, intentando ponerse en el lugar de Naoka en esta situación.

- Siéntate a mi lado y dime la verdad, sabes que no me gusta que me mientan - sentía como si se le estuviesen humedeciendo los ojos ¿Qué demonios...? - Me ocupo un tiempo de mis asuntos familiares y cuando vuelvo me encuentro con una de las personas más importantes para mi hecha polvo. Me siento bastante culpable ¿Sabes? Déjame redimir mis pecados, Naoka, dejame que te ayude a sentirte mejor.
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Re: Lo siento

Mensaje por Tatsumi Naoka el Jue Jul 01, 2010 4:09 am

-Sólo es un poco de cansancio, Matsu. He tenido… - primera pausa. – Bastante trabajo últimamente. Los alumnos no aprenden – segunda pausa. - Solos… Ya sabes que si de ellos dependiese, nuestra evolución estaría estancada…

Aquel último comentario dictaba bastante de ser un comentario gracioso entre un par de profesores que hablaban informalmente de su trabajo. Vale. No era tan simple disimular, y en mi caso, siempre suponía un doble esfuerzo. ¿Cómo podía hacerlo tan mal? Ilógico. Pero, podía ser peor. Ahí continuaba manteniéndome a flote, como un soldado al frente de su primera batalla cuyo final ya estaba predicho. Le observaba con cierto recelo ante su intento de acercamiento. Y no porque pensase con dobles intenciones, como muchos otros harían, no, era porque si el primer intento ya me había desestabilizado lo suficiente, el segundo no había ni que mencionarlo. Maldito Karma y sus estúpidos juegos del destino y todas las causas que lo englobaban.

-Sólo espero que hayas arreglado tus asuntos personales y bueno, no hace falta que me des explicaciones y…

Tercera pausa. Era inútil. Lo que fácil viene, fácil se va. “Gracias Matsu, a la mierda todo esto de fingir”, pensé mentalmente, y es que lo estaba volviendo hacer. Suspiré sin acabar la última frase y apresuradamente, me senté a su lado, apoyando mi cabeza sobre su hombro con cierto aire irritado, sin prestarle mayor atención a su mano, para soltar un comentario frío y severo.

-Todo ha perdido su sentido.


Última edición por Tatsumi Naoka el Jue Jul 01, 2010 4:25 am, editado 1 vez
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Re: Lo siento

Mensaje por Kenda Matsuyama el Jue Jul 01, 2010 4:20 am

No pudo evitar sonreír. ¿Qué eran todas aquellas tonterías de relleno? Sabía perfectamente que no se trataba de un simple cansancio, era algo más grave. Y con todas aquellas pausas se veía a distancia, por el amor de Dios.

Entonces, la reacción que Naoka tuvo al sentarse a su lado le sorprendió. Sonrió de nuevo y cuando lo hizo, sus mejillas se elevaron y entrecerró los ojos. Liberó un suspiro y reposó su mano derecha sobre su rodilla derecha, mientras que la izquierda la llevaba hasta el hombro de Naoka, para apretarlo levemente contra sí.

- Entonces tendremos que encontrarlo de nuevo ¿No crees? - con el pulgar, comenzó a acariciarle suavemente el hombro, intentando demostrarle todo el afecto que ahora mismo llevaba dentro - No voy a dejar que te enfrentes a lo que quiera que sea esto tú solo. No quiero que te destroces a ti mismo más de lo que estas y, por favor Naoka - cerró los ojos por completo y dejó escaparse una pequeña lagrima por su mejilla - deja de fingir que todo esta bien y rompe a llorar de una maldita vez.

¿Estaba preparado para ver llorar a Naoka? Sí, estaba preparado y dispuesto a consolarle. Quería escucharlo todo de él, quería que se liberase de todo aquello que le tenía en aquel estado, quería ayudarle a dejarlo atrás y quería devolverle la vida a aquel hombre que tanto apreciaba. Se sentía egoísta pero... le daba igual. En ese preciso instante su prioridad era Naoka.

- Prometo que no se lo diré a nadie - susurró, sonriendo levemente, al mismo tiempo que secaba una segunda e intrusa lágrima que se había deslizado por su mejilla.

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Re: Lo siento

Mensaje por Tatsumi Naoka el Jue Jul 01, 2010 5:39 am

-No.

No estaba seguro del todo, a pesar de esa respuesta tan concisa. A lo mejor, volver a encontrarle el sentido a las cosas podía suponer un nuevo riesgo ante el cual no estaba interesado. Y he ahí otra verdad a medias, pues, lo único que ocurría era que estaba más asustado que nunca, pero por causas injustificadas era incapaz de admitirlo abiertamente, incluso delante de mi mejor amigo.

-Me da igual dónde hayas estado o lo qué hayas hecho, ¿sabes? – apreté los puños acomodados sobre mi regazo intentando controlar la intensidad con la que iba a emitir la siguiente frase – No porque ahora hayas regresado y estés aquí, voy hacerte caso, ¿me oyes? Ni hablar.

Era un argumento infantil, a fin de cuentas. Mi manera indirecta de hacerle ver en un momento poco adecuado que su ausencia me había afectado más de lo que él podía imaginarse, y por supuesto, sentir su amistoso calor nuevamente no me ayudaba a relajar ese pensamiento que rondaba en mi cabeza desde hacia rato y que deseaba salir con la mayor brusquedad posible, sin medir el daño o no que podía provocarle. Entonces, mis inexpresivos ojos se alzaron para dar con su rostro y presenciar como “mis lágrimas”, las que tanto reclamaba, eran "suyas". Y no podía ser, no se podía repetir algo así. Algo que hizo que acabara recordando a la última persona que había llorado delante de mí y el hecho de que nada bueno se había producido después de ello.

-Te odio.

Salió plácidamente de mis labios tras aquella escena. Pero, ¿por qué? ¿Habría sido la consecuencia directa con respecto a la impotencia ante su marcha o el recuerdo que había despertado? Una mezcla de ambas, sin duda. Me retiré de su lado con actitud cortante, levantándome y posicionándome delante de él, señalándole acusadoramente.

-Maldita sea… ¡Me hiciste una promesa! – ahora si que estaba nervioso, agitado como un flan a punto de desmoronarse en un plato pequeño ante la venida de su archienemiga la cuchara, respirando con mayor rapidez, contemplándole fijamente y con dureza, con unos ojos que involuntariamente se estaban llenando de innumerables lágrimas. - ¡No ibas a dejar que me perdiese! ¡Tú no ibas a permitirlo! ¡Me ibas a enseñar a que no ocurriese! ¡Y mírame ahora! ¡¿Lo ves?! ¡Es culpa tuya! ¡Eres un mentiroso! ¡Un… un!

Ya era irremediable. Bastaron unos escasos segundos para que todo mi rostro fuese presa de las primeras lágrimas que formaban parte del preludio de un llanto penoso y desesperado. Me senté de golpe en el suelo, cruzando las piernas, apoyando sobre ellas mis brazos para ocultar con aquellas manos desequilibradas mi rostro húmedo. Me daba igual si parecía exagerado, crío, dramático, patético o cobarde. O si no era presentable verme llorar de aquella forma. Total, si ya lo había comenzando a hacer con dos de mis alumnos predilectos, ¿por qué no con Matsu?

-¡Joder! – pero aun así era complicado, demasiado. - Lo siento, lo siento, lo siento… Sé que no es culpa tuya, de verdad… Debería dejar de acusar a todo el mundo, la culpa sólo ha sido mía. No te odio, jamás lo haría. – sacudí aun entre mis manos la cabeza para mostrar una negación sincera. – Me he equivocado en todo, hasta en lo más básico del ser humano… Y es horriblemente frustrante… Yo… yo había pensando tantas formas de acabar con todo esto, pero… - tenía tanto que decir, que era imposible mantener un orden lógico en aquel estado. - He intentado ser un profesor diferente y enseñar más allá de lo establecido. He querido saber aprovechar mi libertad y la de los demás. No he dejado nada atrás, ni el pasado, ni el presente, ni el futuro. Y he buscado la manera de darlo todo sin esperar nada. Pero lo he hecho mal, he querido tenerlo todo y ahora no tengo nada… Y lo peor es ver el sufrimiento que he causado y ya no puedo reparar… - me descubrí lo adecuado para volver a mirarle sin impedimentos. - Si es que no sé qué es lo que hice y ni lo que voy hacer, Matsu… Ya no sé nada, sólo quiero alejarme, desaparecer…
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Re: Lo siento

Mensaje por Kenda Matsuyama el Jue Jul 01, 2010 12:13 pm

Todo se volvió muy rápido de repente. En menos de unos instantes sintió que la culpabilidad le destrozaba el pecho y, sin tener muy claro porque, sus lágrimas dejaron de correr. Apretó la mandíbula y cerró los puños, observando como Naoka le culpaba por algo que ni siquiera llegaba a comprender. Se le oscureció la mirada en apenas unos instantes, apoyó los codos sobre las rodillas y sujetó su propio rostro entre las manos.

- Sí, lo sé, lo sé, comprendo que me odies... - susurraba - soy un idiota, un desconsiderado, te he abandonado por otros intereses de distinta clase.

Y entonces, sin previo aviso, Naoka se derrumbó. Pudo sentir como le fallaban las rodillas y como intentaba ocultar el rostro entre las manos, a pesar de que estas temblaban casi tanto como las suyas propias. Comenzó a hablar. No lo comprendió todo, al menos no en el momento, pero se quedó con la parte fundamental "me he equivocado en todo".

- Naoka... - era la primera vez que utilizaba un tono tan cariñoso con un amigo - no digas tonterías, jamás consentiría que desaparecieses.

Se levantó y se acercó hasta donde estaba Naoka. No hicieron falta demasiadas palabras. Le apartó las manos del rostro con cuidado y lo tomó entre las suyas propias, secando un poco las lágrimas. Después besó su frente y le descruzó las piernas. Con un movimiento rápido lo elevó en el aire, tomándolo por la espalda y bajo las rodillas.

No dijo absolutamente nada. Colocó a Naoka sobre la cama y se tumbó a su lado. Lo atrajo hacia sí, rodeando su cintura con el brazo izquierdo, y le obligó a cobijar el rostro en su propio cuello.

- No pienses en lo que has hecho ni en lo que harás - comenzó a acariciarle un poco la espalda - por ahora suelta todo lo que tengas dentro y después ya veremos lo que hacemos. No hace falta que digas nada más pero considero que necesitas llorar o te ahogarás en ti mismo.
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Re: Lo siento

Mensaje por Tatsumi Naoka el Jue Jul 01, 2010 4:22 pm

Sin palabras. Sabía que algún día pasaría de ser el niño “consentido” y “llorón” que tanto estaba mostrando en esta ocasión, y me convertiría en el hombre que todos esperaban ver. Y es que por mucho que superara la edad de aquellos con los que trataba, en mayoría, siempre acababa haciendo el papel contrario. Por no nombrar ya lo manejable que podía llegar a ser. Aunque claro, mi estructura frente a la de aquel profesor dejaba mucho que desear y por eso, era bastante obvio que me podía en casi todo los sentidos. Podía haber mostrado algo de resistencia a su actitud, sí, podía, pero en el fondo necesitaba todo aquello. Y es que hasta los “muñequitos” tenían que recibir su porción de cariño, más que palabras o consejos que fácilmente cualquiera podía dar sin más. Él me permitía desahogarme con facilidad, sin miedo a “represalias” o futuras consecuencias dañinas. Ya le gritase, le insultase o cualquier desencanto emocional más, allí estaba él, aguantando una tormenta cuyo origen no podía ni visualizar. No lo entendía muy bien, pero al final, siempre que las cosas se complicaban hasta el límite de hacerme ver que nada merecía la pena, que lo mejor era salir por la puerta sin mirar hacia atrás, él aparecía con su bondad y todo su ser, y me sacaba del fango sin tan siquiera preguntar o plantear explicaciones. Le admiraba por ello y lo más importante, le respetaba y no sólo como el gran amigo que era.

Sobre aquella cama, me sentía protegido con su presencia ante lo perdido que me encontraba, cuyas causas de ello no sabía cómo definir para que lo comprendiese todo sin omitir nada. A pesar del esmero que había puesto en secar las primeras lágrimas que había desechado, otras volvieron a ocupar su lugar mientras mi rostro no se inmutaba de donde había sido colocado. Su tacto sólo me provocaba que me refugiase aun más en él, que me aferrase a su cuerpo, como si fuese el único medio que tenía a mi alcance para volver a esconderme del mundo y su implacable regimiento. ¿Qué iba a decirle? Porque se merecía una narración de los hechos o algo que le ayudase a entender lo que estaba ocurriéndome. Pero, ¿cómo?

-Matsu… ¿Cuántos crímenes puede cometer un hombre?


Estaba obsesionándome, alejándome aun más de la cordura y tomar el control me era casi imposible. ¿Cómo demonios había llegado a ese punto?
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Re: Lo siento

Mensaje por Kenda Matsuyama el Jue Jul 01, 2010 4:46 pm

Sin mediar una sola palabra más, tomó su nuca con una mano y mantuvo la otra sobre su cintura para atraerle hacia sí un poco más. Escuchaba su respiración entrecortada, apreciaba el tacto húmedo de las lágrimas de Naoka y el aroma de su cabello. Todo junto, todo entremezclado, como una melodía melancólica. Tenía el corazón en un puño, no sabía como había llegado a aquella situación pero lo único que deseaba en ese preciso instante era calmar todo el dolor, toda la incertidumbre... transmitirle a aquel hombre de puros cabellos todo el amor y el calor que llevaba en su pecho.

Naoka se aferraba a él como si de una última esperanza se tratase. Haría cualquier cosa por él, cualquier cosa que fuese necesaria para sacarle adelante, para volver a verle sonreír... incluso comenzaba a añorar las reprimendas y las collejas sin previo aviso.

Verle llorar le destrozaba los principios y le nublaba el juicio. La pregunta le pilló con la guarda baja.

- ¿Cuántos? - miró levemente hacia otro lado, como si intentase centrarse en contestar y no en la presencia de su mejor amigo - Supongo que no hay una cantidad exacta... un hombre puede cometer tantos crímenes como su alma resista o tantos como le puedan ser perdonados llegado el día del juicio final. ¿A qué viene esa pregunta, Naoka?

La preocupación se hizo evidente en su rostro. ¿Había cometido algún crimen grave? Una vez se había autocalificado como asesino ¿Había reincidido en su ausencia? Tenía grabada en la mente la imagen de un Naoka sensible y tranquilo que jamás le haría daño a nadie pero... quizá ese fuese el motivo de su falta transitoria de cordura.
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Re: Lo siento

Mensaje por Tatsumi Naoka el Jue Jul 01, 2010 6:20 pm

Ante la precisión de aquel agarre cariñoso, sólo pude cerrar los ojos, al tiempo que tomaba aire profundamente intentando desacelerar aquella angustiosa respiración que tanto me oprimía la zona pectoral, y me acomodaba sobre aquel resignado conmigo mismo.

-He estado pensando y he llegado a la conclusión de que hay crímenes que van más allá de ensuciarse las manos con la sangre de otras personas. Actos más impuros que los clásicos…

Reduje el tono de mi voz hasta casi convertirlo en un escueto susurro encaminado hacia la alejada percepción auditiva del aquel, cuyo rostro había vuelto en otro sentido, creyéndome que así todo sonaría menos cruel o más perdonable.

-“Jugar” con los muertos es tan condenable como “jugar” con los vivos, ¿verdad?

Había dejado de sentirme buena persona, o mejor dicho, persona en sí en el preciso instante en el que había hecho recuento de la cantidad de expresiones tristes o decepciones que había tenido que presenciar a lo largo de mi tiempo vital. No sabía el por qué exacto, pero había terminado por sentenciarme yo mismo y declararme culpable de males que ni siquiera tenían razón de ser en mi persona. Y aun más, cuando recordaba la cantidad de ideas o sentimientos contrarios que había escuchado sin defenderme de ellos porque no merecía la pena ahondar más en aquel dolor.

-Últimamente, mis instintos se han liberado… He vuelto a experimentar sensaciones que creía olvidadas. Incluso, iba a repetir un acto horrible. Pero, entonces, sucedieron muchas cosas. Cosas que no pude manejar, que provoqué o no, pero que pasaron… No te puedes ni imaginar hasta dónde me ha llevado mi estúpida e ignorante curiosidad, Matsu… He revivido lo que no debía, he apostado mi propia vida en una banal causa, casi me comprometí con alguien que… Bueno, eso da igual. Hace poco agredí a un alumno y ahí terminé de darme cuenta de mil cosas… Y son muchos crímenes…

Todo ese último discurso nombrado no había contado con la colaboración de ninguna lágrima, pues, de golpe habían abandonado mis ojos sin que apenas me hubiese dado cuenta de ello, y en su lugar, una actitud más fría e insegura se apoderó de mí.

-Todo ha sido una mentira constante… Yo nunca he sido yo, ni lo que me ha rodeado ha sido cierto. No me soporto, pero, tampoco puede librarme de mi mismo… ¿Y del resto? ¿Qué decir del resto?

Una risa que detonaba más pesar que alegría bordeó la suave superficie de aquel cuello sobre el cual me había instalado con mayor ahínco, mientras mis manos ejercían un mayor agarre sobre la tela que éste vestía. Mi agujero imaginario seguía allí, bajo aquella cama, y no quería caer o al menos, no solo.

-¿Sabes eso que dicen de que para dormir bien necesitamos creer en algo?

Guardé sólo unos segundos en silencio, casi sin respirar, sin moverme, dejando que mi corazón no latiese demasiado, para al pasar éstos deslizarme un poco más sobre él y alcanzar con facilidad su oído.

-Dime, Matsu, por favor, dime… ¿En qué tengo que creer ahora? Porque ya no creo en nada, y cuando un nombre pierde la fe de esa forma, sólo aspira a morirse sin pena ni gloria.
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Re: Lo siento

Mensaje por Kenda Matsuyama el Jue Jul 01, 2010 8:57 pm

A cada palabra, sentía un nuevo nudo en la garganta. No podía dejar de pensar en todo y en nada. Miles de imágenes recorrían su mente, en su mayor parte recuerdos. Algunos eran bonitos, otros eran sus peores pesadillas aún después de tantos años. El primer chico al que había matado... la primera novia, a la que había abandonado en medio de la calle un sábado por el mero hecho de que prefería irse con Jack... miles de historias y miles de sucesos que había vivido de los que, quizá, debería arrepentirse pero no lo hacía. Porque cada uno de ellos habían marcado y cambiado el rumbo de su vida, cada uno de ellos componían al Kenda Matsuyama del presente.

En cambio, todo lo que le había ocurrido a Naoka simplemente había logrado llevarse su cordura más allá de lo que esperaba. Pensaba que con unos cuantos abrazos, unas cuantas lágrimas y un poco de afecto lograría devolvérsela pero... estaba increíblemente alejada de su alcance.

Los movimientos que el hombre realizaba, todos y cada uno de ellos hacían que su corazón palpitase a una velocidad demasiado alta para su consideración. Le susurraba al oído, ocultaba el rostro en su cuello y sus labios lo acariciaban lentamente. Era casi como una tortura, una tortura lenta y dolorosa. Sabía como podía hacerle sentir mejor y de veras que deseaba que Naoka olvidase todos sus miedos durante al menos una noche pero... pero no podía quitarse de la mente a su novio y esto lo convertía todo en un bucle complejo y desquiciante.

En el último movimiento, pudo notar el corazón de Naoka, que también estaba bastante desbocado. Un extraño cosquilleo recorrió su vientre al sentir como se aferraba más a su camiseta y como su aliento se acercaba hasta su piel de nuevo.

Tras escuchar aquella especie de confesión, que del mismo modo era una petición, giró el rostro y se quedó a escasos centímetros del de Naoka. Sintió el aire que éste respiraba justo sobre sus labios y le miró a lo más profundo de los ojos, intentando ver más allá de aquellas pupilas apagadas, intentando alcanzar su alma y sus miedos para arrebatárselos.

- Puedes creer en mi - suspiró - puede que no sea la persona más idónea... pero puedes creer en mi.

No tenía ni idea de porque demonios había dicho aquello. ¿Creer en él? ¿Desde cuando? ¿Qué tipo de consuelo era ese si ni siquiera él creía en sí mismo? De todos modos y a pesar de sus dudas sobre la efectividad de todo aquello, no tenía pensado retractarse de ninguna de aquellas palabras que le había dedicado a su mejor amigo en un vano intento de consuelo por si, a causa de un milagro inesperado, llegasen a ser útiles para él.
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Re: Lo siento

Mensaje por Tatsumi Naoka el Vie Jul 02, 2010 12:07 am

Realmente, tenerle tan cerca se me hacía extraño después de tanto tiempo. Y estaba seguro de que por ello aquel ligero temblor que se había marchado anteriormente sin despedirse había vuelto para recordármelo. Siempre habíamos mantenido una relación amistosa bastante especial, a pesar de que en muchos aspectos discrepábamos y con más de una bronca nos habíamos encontrado. Y es que analizar aquel peculiar lazo afectivo era bastante curioso y no sólo al pensar en el modo en el cuál lo habíamos trabado, sino en el acto de cómo lo habíamos mantenido sin darnos todo el tiempo que ello implicaba. Pero, bueno, tampoco estaba en condiciones de cuestionarme ningún criterio emocional más. Al igual que provocaba una borrachera monumental, un bajón psicológico como aquel limitaba bastante la capacidad reflexiva de cualquier ser, por fuerte que éste fuese. Además, sus ojos penetrantes que invadían los míos sin permiso me lo dificultaban aun más porque desviaban mi atención. Sentía como si desnudase mi alma y fuese capaz de leerme como un simple manual de cualquier electrodoméstico llamativo pero poco funcional. Y no finalizaba en comprender si aquello era lo correcto o no. Al oír su aclamada respuesta, no menos esperada, rocé su nariz voluntariamente, posando mi frente sobre la suya y dibujando una sonrisa en mis labios.

-Eres un buen amigo, lo sabes, ¿verdad?

Y aunque yo había cometido todos los errores que cualquier hombre tendría pendientes, no iba a dejar que Matsu siguiese mi camino, ni tampoco iba a permitirme a mi mismo continuar por un sendero que acabaría llevándome a la más absoluta locura. Y lo más gracioso era que no entendía a qué venían esos razonamientos, ni siquiera existían presentimientos que me avisaran como en ocasiones pasadas, ni personas antes las cuales rendir cuentas pertinentes. “¿Qué te crees Naoka?”, la voz de la conciencia me llamaba y no me explicaba nada. Definitivamente, se me estaba yendo la cabeza de una forma abrupta y preocupante. No sabía si estaba consciente, soñando o descansando en otro plano diferente al real.

-Gracias… - añadí.

Aquella breve palabra resumía todo lo que quería transmitirle por las suyas. No había ni que decir en alto que él era casi mi único pilar de cordura, mi luz en la oscuridad, mi estabilidad ante una pendiente pronunciada, ya que era lo único certificado que quedaba en mi vida… Y no, no me apetecía preguntarme que hubiese pasado de no haber aparecido por allí en el momento adecuado y en el lugar indicado. Desastre, ¿no? Bueno, bueno, bueno… Otro punto de la lista sin fin. Y tras aquella tímida lingüística, besé su frente por primera desde que le conocía y me separé lo bastante como para tumbarme a su lado sin tocarle, boca arriba, clavando mi mirada en el blanquecino techo de la habitación, apoyando mis manos sobre mi pecho, retomando una básica tranquilidad y una ausencia mental.

-…
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Re: Lo siento

Mensaje por Kenda Matsuyama el Vie Jul 02, 2010 12:47 am

Tras toda aquella afluencia de emociones era hora de pararse unos instantes y reflexionar. Alejarse de la realidad a un espacio alternativo de relajación y pensar como encauzaría los siguientes días. Bueno, también debía digerir todo lo que acababa de pasar.

Al fin, todas las emociones que debería haber sentido al entrar por la puerta de aquel cuarto - añoranza, recuerdos de tiempos mejores - llegaron a su mente como si hubiesen estado ahí todo el tiempo, escondidas en algún lugar.

Giró el rostro cuando escuchó un "gracias" en el timbre de voz de Naoka. Sonrió levemente y volvió a colocar la mirada fija en un punto del techo. La pintura no era completamente uniforme, aún se podían apreciar algunas marcas que la brocha había dejado tras su paso. Además, la superficie sobre la que se había extendido la pintura no era uniforme sino que escondía pequeñas voluptuosidades de formas distintas y curiosas. A distancia parecía un techo simple, blanco y sin demasiadas florituras pero si te acercabas y lo observabas detenidamente encontrarías que era tan imperfecto y característico como todos los demás. Eso sí, era un simple techo al fin y al cabo. Pero, por alguna razón que desconocía, le recordaba enormemente al hombre que se encontraba recostado a su lado.

- ¿Y qué vamos a hacer ahora, Naoka? - giró para observarle. Su cabello, recortado desde la última vez que le había visto, se extendía suavemente por la almohada, como si la acariciase. Sus cautivadores ojos carmín miraban directamente hacia arriba, como si no buscasen un rumbo exacto... miraban por mirar. Pero aquella escena era, sin duda, hermosa y especial. A pesar del rojo que coloreaba levemente el contorno de sus ojos o de las marcas, aún brillantes, de las lágrimas que habían recorrido sus mejillas. Increíblemente humano... increíblemente fascinante. - No se que tienes pensado hacer con tu vida pero yo había pensado realizar un tratamiento intensivo para tu... mmm... ¿Cómo debería denominarlo? ¿Encarcelamiento voluntario? - se pasó la lengua por los labios, estaban secos - Podríamos hacer todas esas cosas que siempre nos hayan parecido divertidas... no se... ¿Ir al cine? Seguro que hay alguna película que te apetezca ver. O incluso podríamos salir de copas y bañarnos desnudos y borrachos en el mar... aunque quizá ese plan sea más mío que tuyo - rió despreocupadamente.

No es como si todo lo que Naoka le había dicho instantes atrás no le hubiese importado lo más mínimo. Todo lo contrario, le quitaría el sueño por unos cuantos días, pero era hora de que toda aquella historia se diese por zanjada y de que su mejor amigo recuperase la vida relativamente normal que poseía en el pasado. Quería verle disfrutar de una vida cotidiana y poder formar parte de ella.

- Aunque si aún no te sientes preparado para salir - pensó un poco más en su situación mientras prolongaba el silencio - podría ir a alquilar un par de películas y comprar palomitas... vamos, montar una pequeña sesión de cine aquí mismo, en tu cuarto - se quedó observando cada milímetro de su rostro y de su cuello - También podemos hacerlo en el mio, si quieres cambiar un poco de aires.
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Re: Lo siento

Mensaje por Tatsumi Naoka el Vie Jul 02, 2010 1:49 am

“10, 9, 8, 7, 6, 5…”, y la cuenta se detuvo cuando el otro profesor se dirigía a mí. Mis cansados ojos se abrieron todo lo que pudieron y no por las palabras que el otro emitía, sino porque acababa de sentir el típico escalofrío que me avisaba de que algo iba a ocurrir, y nada bueno precisamente.

-Bien…

No había podido retener en mi mente la mitad de todo lo que había dicho éste porque me había pillado totalmente abstraído, pero aun así, intenté disimularlo como buenamente pude.

-Películas, ¿no? Ajá…

Me levanté de la cama con algo de prisa sin darle mucha importancia al asunto que me estaba proponiendo y me acerqué hasta el escritorio para comenzar a rebuscar entre sus cajones con cierto nerviosismo.

-Suena divertido, bastante y seguro que me vendría bien salir y eso…

Abrir, inspeccionar, no encontrar, cerrar. Y de nuevo, abrir, inspeccionar, no encontrar, cerrar. “Mierda…”, ¿dónde lo había metido?

-Mmm… Matsu, ¿qué tal si vas a buscar un par de películas en condiciones y nos reunimos dentro de un rato? Yo me ocuparé de llevar palomitas y algo de deliciosa bebida, ¿te parece?

Un par de cajones más y nada, paso al siguiente y tampoco. “Tsk… Piensa, piensa…”, tenía que dar con él.

-Y esta vez invito yo.
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Re: Lo siento

Mensaje por Kenda Matsuyama el Vie Jul 02, 2010 1:57 am

Entonces se sorprendió. ¿Qué demonios estaba haciendo? Naoka se había levantado más rápido de lo que esperaba que hiciese, y además parecía que no le daba relevancia a lo que estaba diciendo, que simplemente lo escuchaba y listo. Después, verle rebuscar frenéticamente en los cajones no mejoró su perspectiva del asunto.

- ¿Se puede saber que pasa?

Se levantó de la cama sin demasiadas ganas, casi con pereza. Se acercó a Naoka por detrás y le sujetó levemente la cintura para acercarse e intentar ver que se traía entre manos.

- ¿Qué estas buscando?

Y listo, le dijo que se fuese a buscar películas. ¿Por qué lo estaba intentando alejar de un modo tan remarcado? Si quería que se fuese sólo tenía que decírselo a la cara y dejarse de estas cosas pero... lo de la bebida hizo que todo sonase mucho mejor.

- Iré a por las películas si tú me dices que demonios vas a hacer mientras tanto, no me creo que estés buscando la cartera para invitarme porque... no sería necesario y además no la estarías buscando de un modo tan desesperado.

Volvió hasta la cama y se sentó, con las piernas abiertas y dejando caer los brazos sobre éstas. Las manos colgaban levemente, despreocupadas de todo aquel asunto.
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Re: Lo siento

Mensaje por Tatsumi Naoka el Vie Jul 02, 2010 2:11 am

-Nada, nada... Y no, claro que no estoy buscando la cartera… Es que acabo de acordarme que tenía que entregarte algo urgente en cuanto te viese y no doy con el asunto. Creo que lo guardé demasiado bien…

Nada, no daba con la cosa en cuestión. Bastaba que buscase algo para no encontrarlo. Menudo fastidio. Así que tuve que pasar del escritorio al armario, el cual abrí de par en par y por poco termino zambulléndome en su interior para continuar con aquella búsqueda.

-Mmm… Que raro… - observé de reojo al muchacho que había regresado a su punto de origen sin entender mucho aquello. - No te veo ir por esas películas, amigo. Y no creo que ellas vengan hasta aquí por ti, ¿sabes? Anda, ve, yo iré mientras tanto a por el “catering”.

Un suspiro y un montoncito de ropa acabó por salirse de su equilibrada y ordenada columna para terminar de forma estrepitosa en el suelo.

-Genial… En fin, ve y no te preocupes. No tengo por qué hacer nada.
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Re: Lo siento

Mensaje por Kenda Matsuyama el Vie Jul 02, 2010 2:18 am

Liberó un amplio y personal suspiro y asintió. Se levantó lentamente y se acercó hasta el armario para recoger algo de ropa y pasársela a Naoka en un movimiento rápido. Sonrió.

- Si te pasa algo en mi ausencia... pagarás las consecuencias - le besó suavemente la frente y se alejó un poco más - no te mates buscando algo para mi, no es necesario, se que me quieres sin demostraciones materiales - mostró una de sus sonrisas prepotentes y desapareció tras la puerta.

Caminó hasta la salida de la residencia y miró a ambos lados ¿Dónde demonios había un videoclub? Nunca se le había pasado por la cabeza ir a alquilar una película desde que estaba en aquel lugar. Debía de haber alguno por algún sitio ¿No? ¡No puede haber un lugar tan grande como aquel sin un dichoso videoclub! Sino... acabaría tomando un par de películas de su colección personal.

No se lo pensó mucho más y se puso a caminar sin rumbo fijo.
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Re: Lo siento

Mensaje por Tatsumi Naoka el Vie Jul 02, 2010 3:14 am

Observé inmóvil su despedida y en cuanto lo vi salir de la habitación sin más, lancé la ropa sin miramientos al interior del armario y corrí hacia la puerta para cerrarla con llave, tras haberla sacado previamente del bolsillo trasero del pantalón.

-…

Me aseguré de que no se pudiese abrir desde fuera con algún tipo de llave maestra, dejando ésta colocada en el cierre de la misma puerta para que estorbase intencionadamente el paso de cualquier otra llave. Volví al centro de la habitación y para mayor seguridad aun, atranqué dicho pomo con la ayuda de la silla que se hallaba delante del escritorio. Entonces, me aventuré hasta la ventana para bajar su persiana apresuradamente, correr las cortinas con cierta ansiedad y comprobar que no se podía acceder a ella desde fuera. Aunque claro, para algo servirían las rejas de su exterior, ¿no? Pero, no había tiempo para eso. A saber lo que el otro tardaría en volver y conociendo su suerte… Mejor no venderse a los riesgos de turno. Y es que toda la historia esa de hacerle una entrega a Matsu, había sido una excusa barata, una mentira piadosa para que abandonase la habitación sin sospechas y sin responsabilidades. Me ahogaba desde hacía un buen rato y seguía con aquel malestar sin sentido. Las otras opciones no habían sido benefactoras para variar mi estado y viendo que cada segundo era más pesado que el anterior, la cosa estaba clara. Ahora era un buen momento para hacerlo, no había salvadores empeñados en hacer que mis planes fracasaran y si no lo hacía ya, luego con Matsu rondando por allí sería imposible. Estaba harto de seguir los consejos de todos y nunca hacer lo que realmente mi cuerpo deseaba. Ya había “aprendido” bastante y experimentado aun más. ¿Por qué no lo había hecho desde el principio? Si ya lo dice el dicho: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”.

-De acuerdo…

Debía acudir al baño, escenario, nada original, elegido para el final de una obra que debía haber terminado en su primera parte, censurando la segunda por completo. Pero antes… Música. Como hacían los grandes personajes que tanto había admirado en novelas pasadas y que siempre la utilizaban para darle un toque personal a su posterior silencio eterno. Y así fue, en cuanto el equipo reproductor fue puesto en marcha con un leve movimiento de dedos, la dulce melodía instrumental rodeó sin pausa cada rincón de aquella vieja habitación en una tonalidad poco permitida, acallando otros ruidos que de poco interés vivían. Y con todo preparado, me encaminé hacía el discreto baño que se ocultaba al fondo de la habitación, silbando aquella canción clásica y poco perturbadora. Mi mente fría y sin señas de flaquear comenzaba a manifestar la emoción y la alegría que aquel acto infundía, permitiendo que una sonrisa inexpresiva tomara el control principal de mi rostro. Entré en el pequeño e inmaculado habitáculo y cerré la puerta superficialmente. El plan era bastante simple y nada podía estropearlo. Así que accedí al pequeño armario flotante de la pared situado cerca de la entrada y extraje de él una de esas caseras cuchillas que uno suele usar para tratar un afeitado tradicional, más lento, pero más perfeccionista que el moderno. Tras examinarla unos segundos y ver que estaba en adecuadas condiciones, la solté sobre el fino poyete de la bañera y me dispuse a deshacerme de toda la ropa que cubría mi parte superior corporal. No era necesario echarme un vistazo a mi mismo para continuar. Suspiré vagamente y me introduje en el interior de la bañera, apoyando mi espalda sobre el frío tacto de aquel instrumento inocente. Tomé de nuevo la cuchilla y mientras miles de imágenes y recuerdos colapsaban mi memoria a mil por hora, la coloqué suavemente sobre aquella muñeca que una vez ya había disfrutado de un juego similar.

-Y aquí se baja el telón, caballeros…

Y sin quitar aquella estúpida sonrisa, el primer corte se produjo exacto, perfecto y casi indoloro sobre la primera muñeca elegida, sobrepasando el límite sano de la actuación de unas venas inquebrantables. Y sin perder mucho tiempo más, el segundo corte sobre la otra muñeca no se hizo esperar, siendo exactamente igual al anterior. Y como después de todo aquello ya era no de más utilidad, la cuchilla fue “lanzada” sin control a algún rincón de ese recipiente humano. Y tras segundos, quizás, o en menor tiempo aun, no era del todo consciente de ello, la sangre comenzó a brotar dotando el color blanco de aquella bañera de un rojizo hermoso y seductor. Ahora, sólo quedaba cerrar los ojos, mantener la sonrisa y esperar, esperar y esperar sin pensar en nada ni en nadie más…
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Re: Lo siento

Mensaje por Kenda Matsuyama el Vie Jul 02, 2010 3:36 am

Un pinchazo en el estómago le obligó a retroceder. Presentía que algo malo estaba a punto o incluso ya estaba ocurriendo. Soltó las películas que había seleccionado y tomado de las estanterías del videoclub y salió corriendo a toda la velocidad que sus piernas le consentían. No es que fuese lento... es que estaba lejos.

- Naoka... Naoka por favor que no hayas hecho ninguna tontería...

Sentía que su corazón se desbocaba por los nervios y el excesivo ejercicio físico. Tenía la preocupación grabada en su mente, como si ya se esperase lo que estaba por venir más adelante. Una presión en el vientre le obligaba a continuar corriendo aunque le faltase el aliento.

Prácticamente sobrevoló la entrada de la residencia. Apartó a varios estudiantes que salían a tomar unas copas y se aventuró hacia la sección de los cuartos de los docentes. Paró con dificultad ante la puerta 38 e intentó abrirla. Cerrada, como se esperaba.

- No hay tiempo para buscar la puta llave maestra - se echó levemente hacia atrás y le propinó una primera patada - La has atascado ¿Eh? ¡Idiota! - con la segunda patada, la madera de la puerta se resintió - Como te hayas hecho algo... - tomo aire y la tercera patada fue demasiado brutal, la puerta cedió con un sonoro "crack".

Apartó unas cuantas astillas y se metió por el extraño agujero que se había formado en el pobre objeto de madera que había destrozado. Todo estaba oscuro excepto una luz en el baño y la música estaba encendida. Era una melodía sencilla, clásica y muy poco problemática. Caminó presuroso hasta la puerta del baño y la apartó con fuerza. Se quedó helado.

- ¡Naoka! - caminó a zancadas hasta encontrarse con el borde de la bañera - ¡NAOKA JODER! - tomó sus hombros y lo meneó lentamente, aún tenía pulso, pero supuso que ya había perdido bastante sangre.

Se levantó de golpe y se acercó al armario flotante que se encontraba abierto. Rebuscó a prisa, dejando caer bastantes frascos con pastillas - ¿Antidepresivos? - y unas cuantas cuchillas más hasta que localizó el botiquín de emergencias.

- Vendas... vendas... ¡Rápido! - rebuscaba en la pequeña caja blanca frenético e histérico, las encontró y las sacó de su envoltorio - Eres un bastardo y un idiota... ¿Por qué demonios confié en ti?

Con unos cuantos movimientos ya tenía las vendas cortadas a un tamaño asequible para las muñecas de su compañero y, antes de poner las definitivas, realizó con estas un torniquete en cada una de las heridas con el fin de cortar la evidente hemorragia.

- No te volveré a dejar solo, ¡Nunca más! ¿Me entiendes? ¡NUNCA MÁS!

No sin esfuerzo, tomó el cuerpo desnudo de Naoka en brazos y lo llevó hasta la cama, lo tumbó y se las apañó para abrir la ropa de cama y cubrirlo con una sábana y la manta superior. ¿Y ahora? ¿Debería llamar a una ambulancia?
Volvió al baño y franqueó la bañera. No sabía cuanta sangre había perdido pero quizá con unos días de descanso no fuese necesario llamar al hospital y armar un alboroto inútil.

Tomó el restante de las vendas y se acercó hasta el dormitorio, cerrando el baño tras de sí. Aún estaba demasiado nervioso como para pensar racionalmente todos sus movimientos así que antes de lograr alcanzar la cama para ponerle unas vendas más eficaces, se tropezó con la mesita de noche y soltó unos cuantos improperios. Al fin, llegó a donde descansaba Naoka, aparentemente inconsciente, y le vendó con algo más de soltura las muñecas. Al menos, a simple vista, ya no sangraba.
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Re: Lo siento

Mensaje por Tatsumi Naoka el Sáb Jul 03, 2010 1:33 am

¿Cómo describiría brevemente uno la sensación de ausencia de fluidez vital? Podría no ser ni fácil, ni difícil, sólo extraño, ocasional, pero aun así requeriría de un esfuerzo poco valorado o simpatizado por los demás. “Desgraciadamente”, ¿quién no había meditado o efectuado alguna vez la opción plena de un suicidio? Era bastante evidente la respuesta. Aunque muchos la catalogaran como una acción despreciable y cobarde, en su defensa, había que añadir que aquella connotación negativa, que podía poseer, sólo era producto de mentes incapaces de discernir que era una vía más de escape, y que sólo significaba el final de una vida cuyo derecho único pertenecía a la persona que había decido emprender aquel proceso singularmente irreversible, a excepciones, claro está. No era una habilidad comparable, formaba parte de un amplio abanico de soluciones extremas que desde los comienzos del ser humano siempre había estado ahí. ¿Por qué había que escandalizarse tanto cuando se daba? Porque así de extraordinario era el hombre y todo lo que le rodeaba. Constantemente, cuestionándose pormenores cuyas explicaciones ya habían sido aportadas y que se repetían por costumbre cada vez que una nueva voz se alzaba con tono alarmante. ¿No debía la crudeza tener su propio trato más allá de protestas, prohibiciones y temores? Al fin y al cabo, era una percepción más que animaba al conjunto existente social. Fuese como fuese, la decisión de un suicidio era tan válida como cualquier otra, nadie debía juzgar ni los motivos que habían llevado a ese ser hasta ella, ni las consecuencias que generaría, porque tanto ignorantes como sapientes no tenían por qué conocer aquellos rincones oscuros que cada mente encerraba, porque cada historia nacida desde el amor, el rencor, u otro argumento no asignaba poderío sobre esa alma perdida o encaminada hacia un rumbo inusual. Había que admitirlo, el suicidio era una norma aceptada en esa distracción llamada vida.

Todo esto hubiese sido una buena introducción para una tesis que contemplara el debate ante esta duda. Pero, mi mente se hallaba un poco lejos de tanta racionalidad o aprobación. La oscuridad había absorbido casi en su totalidad cada pequeña muestra de lucidez lógica o aspaviento emocional. El hombre no era perfecto ni por asomo, pero eso no suponía ningún tipo de consuelo. No podía eludir el hecho de ser una persona tan horrible por mucho que otros gritasen lo contario. Encontrarme con la dura realidad de golpe no sólo había sido duro, sino que también lo había verificado. Amparado bajo una personalidad inocente, tranquila, sumisa y paciente, la auténtica imagen había sido ocultada casi de forma automática, permitiendo que los lazos sociales se ampliaran y el día a día fuese mejor de lo esperado. Pero con el tiempo todas las cosas resurgirían de su hoyo y nada sería lo que había sido. De niño, todo ese planteamiento ya se había concedido, la diferencia era que disponía de todo el tiempo para emendar toda causa. Pero ahora, era un adulto con todas mis facultades activadas y el tiempo más que un aliado, era mi principal enemigo. Además, no sólo tenía que tratar conmigo mismo. Existir ya no era un castigo, ni un tormento, no, era peor que el propio infierno. La “mentira” ahora manejaba aquello que en su día me había pertenecido por lo establecido en las leyes universales que regían el movimiento absoluto de todas las cosas. Hacia largos días que me había vetado socialmente, había desatendido mi trabajo, a mis alumnos, a mi mismo… Y me daba igual. Siendo sincero, incluso había dejado de preocuparme por los que se habían ido sin motivo y tanta marca habían sellado en mí. ¿Una actitud egoísta? Posiblemente. El problema residía en que ya no me interesaba ni lo más mínimo el mundo de los vivos. No estaba hecho para relacionarme con personas. Tampoco estaba afirmando que con el de los muertos me llevase de maravilla, pero los tipos como yo solían compenetrarse mejor con el silencio de un sin vida que con su polo opuesto. Entonces, ¿por qué les costaba tanto comprenderlo si saltaba a la vista?

Sentado ante mi propio reflejo, cuyo rostro no encajaba con el original, me hallaba contándome repetidamente todo aquel cúmulo de ideas abstractas. ¿Tantos retales temporales hacia que no hablaba conmigo mismo a solas, sin reproducir actos indecorosos? Que curioso el subconsciente… Y de repente, a la mitad del discurso, aquel espejo se resquebrajó de buenas a primeras, sin molestar auditivamente y desapareciendo en el espacio oscuro como si nunca hubiese estado allí mismo. El frío central de mi cuerpo decidió turnarse con el calor de alguna desconocida fuente, y la soledad se estaba mezclando con fuerzas invisibles que generaban un nuevo cambio para mi sorpresa. ¿Qué estaba pasando? Aquello no debía ser así. Inesperadamente, me estaba descomponiendo como si fuese una imagen dividida en millones de píxeles, en el mismo sentido que lo había hecho el espejo. Otra duda, otro jodido enigma sin motivo. No podía ser, la velocidad aumentaba y… Y ya no pude hablarme más. Dentro de la oscuridad, todo se volvió borroso, una punzada en mi cerebro no me dejaba analizar nada, fallaban las energías básicas, y el malestar era general. Se habían abierto, torpe y lentamente, pero mis propios ojos se habían abierto. ¿Por qué? ¿Había fracasado de nuevo? Si era así, más triste y patético no podía ser, meter la pata en mi propio suicidio era el colmo. Aunque tendía a entrecerrar los ojos buscando la forma de obviar tanta borrosidad y esa maldita sensación de mareo, podía imaginarme quién había sido el causante de aquella irrupción. Lo había calculado mal después de todo. Sin llegar hacer ni un ápice de esfuerzo para moverme, pues bastante dolor percibía ya, me aventuré a decir algo sin mucha entonación:

-Matsu… ¿Qué has… hecho?

¿Quién sino habría sido? No había incógnita posible. Pero, en serio, ¿cuál era la estimación media para morirse sin que nadie pudiera evitarlo? Debí haberme documentando antes. Joder con la ironía que tenía la vida. Me tenía entre ceja y ceja, y nada podía negarlo. Por lo menos esperaba haber estado al límite. O eso, o estaba exagerando porque mi cuerpo no respondía igual. Y ahora, a soportar la tormenta…


Última edición por Tatsumi Naoka el Miér Jul 14, 2010 7:20 pm, editado 1 vez
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Re: Lo siento

Mensaje por Hikaru Oda el Dom Jul 04, 2010 9:03 am

Me encontraba de nuevo en casa después de mi repentina desaparición, no me gustaba hacer esas cosas, pero todo fue tan deprisa que no me dio tiempo de despedirme de casi nadie, al menos, me hubiera gustado hacerlo de Naoka, avisarle que me iba un par de días y recordarle que no hiciera ninguna tontería después de que mi compañero Soleigh sirviera de recipiente para demonios, cosa que aún no entendía muy bien como funcionaba.

Mientras descargaba maletas y demás con mi padre sentí un malestar, lo reconocí porque fue el mismo que sentí cuando Soleigh gritaba de dolor y Naoka sufría por dentro, era el mismo pero más intenso, como si supiera que estaba pasando algo. Tenía que volver al Rokkentei y comprobarlo, sino no estaría tranquilo.

-Lo siento papá, tengo que volver al instituto inmediatamente, en cuanto llegue te ayudo con todo esto

Mi padre asintió con desaprobación, estaba seguro que le tocaría a él meter todas las cosas y luego le daría dolor de espalda, pero no podía hacer otra cosa, mis presentimientos nunca fallaban, era algo que tenía muy desarrollado desde hace tiempo. Enseguida solté lo que llevaba, y con la misma ropa sucia, y llena de arena de las excavaciones que habíamos visitado antes, eché a correr todo lo rápido que podía por el camino más corto al instituto.

Y como siempre no tuve suerte, ese día el mundo había decidido volcarse en mi contra, y por el camino tuve que esquivar a peatones, bicicletas desorbitadas y a coches que se saltaban las señales de tráfico, quizá por eso casi acabo atropellado. La idea de que algo estaba pasando en el instituto era mayor.

Nunca me había percatado de lo grande que era aquello, cuando tienes que recorrértelo de un extremo a otro ¿ dónde se habían metido todos? No sabía qué hora ni dia era, había perdido la noción del tiempo recorriendo pasillos y abriéndo aulas, estaba realmente cansado. Fui a la fuente del patio para tomar un trago de agua y entonces me fijé la fachada. Hice un esquema mental del edificio.

Busca algo raro...
-miré a mi alrededor

En ese instante divisé una ventana, estaba totalmente cerrada, cosa que no era normal a esas horas, quien se oculta de la luz del día es porque algo esconde. Según mi esquema esa era el ala de los profesores, esperaba equivocarse en su próximo pensamiento. Volvió al edificio y buscó la habitación. Por el pasillo fui mas relajado, observándo las habitaciones, una vez llegué a la última pude observar que había sido forzada, y había un considerado agujero por el que pasar, entré y escuché una tranquila melodía que sonaba repetidas veces, vi al profesor Matsuyama balbuceando algo en voz baja que no llegaba a oir, y en la cama parecía haber alguien, no lo reconocí hasta que me acerqué un poco más.

-¿Profesor Matsuyama? - vi el rostro de Naoka convaleciente, sus manos vendadas y restos de sangre en el baño y por la habitación- ¿Qué es lo que ha pasado aquí?
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Re: Lo siento

Mensaje por Kenda Matsuyama el Mar Jul 13, 2010 12:49 pm

Estaba observando a Naoka desde un lado de la cama, esperando a que reaccionase de una vez. Tenía el rostro pálido y cada vez se sentía menos seguro de su decisión de dejarlo ahí. Pero, cuando ya estaba dispuesto a llamar al hospital, Naoka abrió los ojos y dijo algo que comprendió casi sin escucharlo: "Matsu, ¿Qué has hecho?

Le hervía la sangre... ¡¿Que que había hecho?! ¡Pues salvarle la vida, por ejemplo! El estado del profesor y del cuarto era lamentable, la melodía comenzaba a molestarle y sentía pinchazos en la conciencia por haber dejado a su mejor amigo en un momento en el que, era notorio, que le necesitaba.

- Sencillamente te he salvado la vida - se encaminó hacia el baño y tomo el baso en el que descansaba un cepillo de dientes, lo vació, le pasó agua un par de veces y después lo llenó para volver al cuarto - O al menos, eso intenté - tomó asiento en el mismo lugar que antes y le acercó suavemente el vaso a Naoka - ¿Quieres beber algo?

Pero antes de que el profesor contestase, escuchó una voz a su espalda y se giró con un movimiento bastante brusco. ¿Quién era ese chico? Le sonaba de algo pero... no lograba recordarlo con exactitud. Parecía preocupado, debía ser alumno de Naoka o algo similar. Por su mente se pasó la idea de que fuese su nuevo amante... después de Soleigh podía esperarse cualquier cosa.

- Naoka ha intentado acabar con su vida cortándose las venas en el baño de su cuarto - su tono era bastante tranquilo, con un ápice de culpa - lo dejé unos minutos aquí, me dijo que fuese a buscar películas al videoclub... no sé, quería que volviese a ser el de antes, pero sentí que algo malo había sucedido y volví cuanto antes. De ahí el pequeño problemilla con la puerta - la observó de soslayo, tocándose la nuca - la había cerrado de llave y si no me hubiese abierto camino no podría haberlo salvado.

No sabía porque se lo contaba todo a aquel chico que era prácticamente un desconocido a sus ojos. Quizá porque presentía el afecto que compartían hacia Naoka.


Última edición por Kenda Matsuyama el Miér Jul 14, 2010 10:38 pm, editado 1 vez
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Re: Lo siento

Mensaje por Tatsumi Naoka el Miér Jul 14, 2010 7:15 pm

“¿Salvado la vida? Realmente, ha sido el gesto más estúpido que has podido cometer hoy…”, así se formó mentalmente aquel primer pensamiento irónico tras oír su respuesta. ¿Debía darle las gracias por ello? ¿Disculparme? ¿O maldecirle por irrumpir en mi vida de repente y tomarse la molestia de “salvarme” sin habérselo pedido? Como si algún principio de aquellos importarse lo más mínimo. Total, ni Matsu ni el resto del universo, eran el objetivo de mi desequilibrio. Era yo, el único y el inigualable ser idiota que “gustaba” de ser acompañante de problemas y problemas. Aunque seguía manteniéndolo con fe, nada de aquello era una sanción como tal, sino más bien un… Daba igual. Repetir por repetir era tan pesado como aburrido. Y mientras divagaba en lagunas parcialmente conscientes, la voz de aquel me devolvió a la realidad, a su realidad. Me ofrecía un vaso liso lleno de agua pura. Vaso, que había sido despojado de la estantería situada sobre un simple y funcional lavabo en el “aseo” de aquella lúgubre habitación. Lavabo, que se hallaba junto a una bañera tradicional. Bañera, cuya superficie seguiría impregnada de sangre, minúsculas gotas en formación lineal recorriendo una extensa área homogénea blanquecina que las conduciría a un nuevo espacio donde serían olvidadas, imitando y compartiendo del mismo modo la caída del agua que su mismo grifo tantas veces me había proporcionado. Agua, como la que contenía aquel vaso limpio y cuyo movimiento apacible era idéntico al de la sangre de cualquier ser. Sangre, la que aun quedaba. Una cosa me llevaba a la otra, un bucle. Y antes de que pudiese tan siquiera hacer el caso debido a ese vaso tan inspirador, o a mi propia posible deshidratación, la habitación recogió a un nuevo miembro inesperado como si de una fiesta se tratase. Alcé un poco la cabeza para reconocerle. Mala idea, pues, la sensación aturdidora seguía presente.

-Hikaru…

Así que tuve que regresar a la posición descansada original sin rechistarme a mi mismo. Pero y bien, ¿qué demonios hacía allí si pensaba estar unos días fuera? Suponía que no tardaría en explicarlo, siempre y cuando, las noticias aportadas por Matsu le dejaran espacio para ello. Desde luego, su resumen sobre lo ocurrido había sido breve, conciso e… Inquietante. Según lo iba relatando, hacia que la idea no sonase tan bien para el ajeno como lo hacia para mí. Cuestión de caracteres, diría yo…

-Y lo mejor… es que este idiota se ha olvidado de las películas…

No era el momento para ir de chistoso, pero, ¿y qué? Un comentario de más nunca venía mal. Además, esperaba que pasase desapercibido. O no. Pero, bah, ahí estaba ya, ¿no? Subí un poco las manos en el aire, y “admiré” aquellas vendas colocadas con tanto esmero. Era increíble que lo hubiese hecho, increíble… Sonreí sin mucha razón y me dediqué a silbar delicadamente la entonación de aquella música que aun se dejaba escuchar con agrado, al menos para mí, desde el reproductor como si la historia no fuese conmigo. Y que hermosa era aquella sutil melodía y que poco la estaban disfrutando los otros dos, y no “entendía” el por qué…
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Tatsumi Naoka
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