Después de la tormenta

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Después de la tormenta

Mensaje por Dan Taylor el Jue Ene 07, 2010 9:55 pm

A pesar de pasar sus primeros días en aquel instituto, cabía reconocer que no había hecho demasiado. Había entablado conversación con varios de sus alumnos, e incluso había recorrido tranquilamente la mayoría de las estancias del lugar, dejando bien grabado en su mente cada recoveco que pudiese visitar en otro momento.
De hecho, se encontraba tranquilamente tendido en el jardín mientras ojeaba las páginas amarillentas de un viejo libro que había cogido de la biblioteca, con el cielo cubierto por un gélido manto gris e inhóspito que invitaba al más valiente a refugiarse antes de que el agua comenzase a descender desde los cielos. Aún así, Dan, en un alarde de indiferencia, había seguido tranquilamente en su sitio, sin variar un ápice su expresión ni su posición corporal, acomodada en un gran roble.
Poco pudo aguantar esa determinación, no cuando le calleron un par de gotas sobre la cabeza, si no cuando una de aquellas inmundas partículas conjuntas de H2O había aterrizado fervientemente contra el ajado papel del libro que sujetaba. Miró al cielo con desprecio, como culpando a las nubes mentalmente por aquel sacrilegio que acababan de cometer. Tranquilamente, guardándose el libro bajo la gabardina, caminó hasta el interior del edificio, procurando no meter sus preciados mocasines de cuero en alguno de los charcos que empezaban a formarse sobre el césped.

Ahora que la tormenta había concluido, toda la parte exterior del instituto se encontraba sumida en el silencio. Un fuerte olor a humedad recorría el ambiente, y conseguía repeler a los alumnos cuales insectos frente a una fumigación, quienes permanecían en las clases, el comedor, los pasillos o las habitaciones. Sin embargo, el profesor adoraba el olor a lluvia y a tierra mojada; entonces se dirigió al laboratorio de biología a por unos zapatos más adecuados, y salió sin miedo al exterior, sintiendo sobre su rostro ligeras gotas húmedas que le hacían recordar que aún estaba vivo.
Inspiró profundamente, sintiendo casi en su mismo interior la fuerte y dulce fragancia de las flores que desprendían exquisitos aromas tras su baño. Se acercó a un rosal, admirando como los restos de la lluvia se colaban entre los vermejos pétalos a modo de rocío matutino.
Entonces, justo detrás, sorprendió ver una escalera de pieda y metal, estrecha y empinada, de la que no se había percatado aún en aquellos dias. Curioso como el gato que ronda la noche, se digirió silencioso hasta ella, subiendo de peldaño en peldaño como si lo que fuese a encontrar pudiese ser comparado a la gran Antlántida.
Cuando su trayecto concluyó, sintió una fuerte brisa helada sobre su fina piel. Cerró los botones de su abrigo y metió las manos en los bolsillos, escaneando con la vista todo cuanto le rodeaba.
Aquella azotea, construida en piedra, y a pesar de ser segura, con un aspecto antiguo y degradante, ofrecía la maravillosa visión de los alrededores del instituto, plagados de un verde contrastado con el cielo gris. Pudo ver un par de atrevidos paseando por los caminos que rodeaban el edificio. Pudo incluso vislumbrar parte de las casas del pueblo cercano. Sonrió.
Parecía que aquel lugar estaba secretamente vedado a todo aquel que no admirase la verdadera belleza de lo que el punto alto del lugar podía ofrecerle. Muchos habrían subido allí, pero estaba convencido que la gran mayoría habría acabado por bajar instantáneamente tras descubrir que no había nada que mereciese realmente la pena. Pero, para Dan, aquel podía ser un perfecto lugar de refugio. Lejos de miradas de indiscretos. Lejos de gritos y discusiones adolescentes. Sumido en una tranquila naturalidad que le permitiría, a todas luces, descansar como se merecía.
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Re: Después de la tormenta

Mensaje por Paul Kazama el Jue Ene 07, 2010 10:48 pm

deseaba estar bajo la lluvia.
miraba el agua caer sin piedad contra todo aquello que se le interponedse en su camino, y como no.. la lluvia se dejaba llevar por el viento y las gotas bailaban a compás dejándose caer resbalando por el cristal de la ventana del pasillo de una forma grácil.

Me dejaba hipnotizar por ese fenómeno natural, que me resultaba tan único, siempre me había gustado la lluvia... había veces que paseaba por la calle solo cuando llovía dando largos paseos sin paraguas, y eso para mucho resultaba extraño, pero para mi me reconfortaba, me gustaba notar la lluvia caer, las suaves gotas recorrer mi rostro y la frescor impregnar mi ropa, que el viento soplase y notar que mi piel con el agua se rasgase levemente, podía estarme horas.
quizás también es porque el cielo es de tonalidades grises y las luces impactaban de otra forma, para muchos deprimentes para mi, me era ver algo rutinario en algo menos usual, las nubes tienen mas carácter, y los rallos que puedan caer con las tormentas aun me hipnotizan mas...
Abrí la ventana de par en par, sin pensarmelo, y un viento furioso entro en el pasillo agitando mi cabello y haciéndose escuchar por todo el largo pasillo vació, unas gotas de agua rozaron mi rostro como bienvenida junto el viento, que agradable sensación...

me estuve un rato así, apoyado en el marco de la ventana sintiendo como el viento chocaba contra mi, entrando con el algo de lluvia en el pasillo como compañía.
Saque mis brazos por la ventana dejándolos caer, y apoyando mi barbilla en el marco, dejándome inundar por esa agradable sensación cosquilleante en mis brazos, y poder disfrutar de esa fragancia tan típica de la lluvia.
Pero el frió pudo con migo, empezaba a perder cierta sensibilidad en las manos y decidí dejar de disfrutar de la lluvia cerrando la ventana y dando un paseo, por el centro... Al fin.. el frió no me llevaba tan bien con el.
Yo y mi extraña manía.. no.. yo y mi amiga la lluvia, estaba por salir, pero al fin.. acabar todo empapado por lo que quedaba de resto de día no me acababa de convencer, así que seguí perdiéndome entre pasillos asta que la lluvia ceso, y como acto reflejo me fui directo hacia la azotea para despedir a las pequeñas gotas que aun caían del cielo.

Subí por las escaleras interiores del centro, ciertamente quería respirar aire de verdad, y abrí la puerta de la azotea sintiendo ahora un viento menos fuerte pero igual de helado, respire hondo agradecido sin saber porque me encontraba bien.
Como no, para celebrar mi buen humor saque del bolsillo del pantalón el paquete de cigarrillos y cogí uno para posarlo en mis labios, el día estaba redondo? parecía ser...
busque el mechero y cuando lo tuve en la mano pude afirmar que si, si! hoy parecía ser un buen día a mi estilo después de esa maravillosa tormenta, encendí el cigarrillo y aspirando hondo esa agradable cancerigena sustancia di unos pasos hacia delante para pasear por el encharcado lugar, cuando una sombra que no reconocí vislumbre algo lejos, que me hizo brincar levemente, que hacia alguien aquí en un momento como este después de tal chaparron?, como acto reflejo escondí el piti y tosí levemente por el repentino susto, entrecerré los ojos para aclarar mi vista y vislumbrar que o quien era...
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Re: Después de la tormenta

Mensaje por Dan Taylor el Jue Ene 07, 2010 11:32 pm

Lluvia, árboles, viento, nubes, cielo, lejanía, soledad, silencio, escucha, olor... Un millar de hermosos sustantivos acudieron inevitablemente a su cabeza, creando una idealizada escena de lo que tenía frente a sus ojos, que mantenía suavemente cerrados. Le dió la sensación de que la nueva percepción que estaba teniendo se asemejaba en grandes medidas a las poesias de Vicente Aleixandre, con la perfecta e indiscutible diferencia de que allí no había nadie más. Y no ladraban los perros. Y nadie quería a nadie.
Aquellos pequeños ápices de soledad resguardados en las caricias del viento y la lluvia provocaban una sensación casi orgásmica en él. Desde bien niño, había aprendido a apreciar la naturaleza, a contemplar los pequeños secretos que la Madre regalaba a los humanos pecadores, pequeños fragmentos distorsionados del mismísimo Eden. Había aprendido a rozar los rayos de sol, a olfatear los nidos de las pequeñas aves, a saborear la fragancia de las rosas y a escuchar los cantos de los árboles. Siempre pensó que el sentido más degenerado era la vista, que deformaba cual espejo cóncavo la realidad que percibía, convirtiendo su alrededor en algo histriónico y grotesco.

Acercándose al borde del edificio, aún con los ojos vedados, sacó las manos de los bolsillos y dejó que el frío viento penetrase en su cuerpo hasta calar el interior de sus huesos debido a la latente humedad después de la tormenta. Notó como las manos comenzaban a entumecerse, pero decidió quedarse así un poco más. Su cara debía mostrar una expresión del más puro éxtasis reflejado en cada uno de sus más de una veintena de músculos. Sentía el placer en cada célula de su cuerpo, recorriéndolo como una fría y, contradictoriamente, fogosa y pasional amante fémina entregada al placer. Se cercioró de que solo cabía escuchar la dulce melodía de un piano para calificar aquel instante de completamente perfecto.
Le avergonzaba comunmente afirmar este tipo de hechos, que le hacían prácticamente vulnerable frente a los demás. Su personalidad y comportamiento fríos no daban cabida a tal pasión por la naturaleza en todos sus estados. Lo mismo le ocurría con la música. Aquel misticismo que le producía una alta perturbación de los sentidos hasta dejarle completamente endeble. Aún así, sabía que la multitud le envidiaba por cada pizca de felicidad que él sentía.

Aún así, todo momento tiene que alcanzar su final tras el cenit. La expiración de aquel portentoso momento había llegado con el sonido de unos pasos atenuados sobre la pieda, despreocupados. Dan se dió cuenta de que, fuese quien fuese, aún no se había percatado de su presencia. Sin embargo, no pudo evitar sentir cierto recelo. No era su territorio, pero aquel momento era completamente suyo, y alguien había cometido la osadía de interrumpirle. Y no lo toleraría.
Giró sobre si mismo instantáneamente, para vislumbrar frente a él a otro de aquellos estúpidos adolescentes que poblaban el lugar. Tenía que haber escogido una escuela para adultos, lo sabía. Rechazó con mirada cansina al chico, en una mezcla de decepción y resignación marcadas en sus ojos. Qué se le va a hacer.
Sin sorprenderse demasiado, comprobó que el chico había posado su interés en él, de forma algo austera. Decidió acabar con ello cuanto antes.

-Dan Taylor, profesor de Biología -dijo de forma pesada-. ¿No sabes que esta prohibido subir aquí?

Obviamente, la evasiva podría colar hasta cierto punto, y con un poco de suerte e ingenuidad por parte del alumno conseguiría su apreciada soledad de nuevo, dándole pie a otras numerosas fantasías que adivinar en los recovecos de su mente solitaria.
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Re: Después de la tormenta

Mensaje por Paul Kazama el Vie Ene 08, 2010 12:33 am

me mantení quieto, casi sin respirar, al ver que el individuo no me había percibido del todo o no quería girarse.
di un paso hacia el individuo, se le veía totalmente concentrado en que sabe que, estaba de espaldas pero en su cuerpo se reflejaba la comodidad y quizás placer, de estar allí, se veía relajado, sumiso en su mundo y extrañado por su postura me lo quede observando sin entender, quien mas raro que yo apreciaba la calma de después de una tormenta aun con el cielo nublado dispuesto a quedarse allí a esperar que una mas fuerte cállese.

quien sabe... pero ese individuo giro de golpe con algo de despotismo y resignación, el sonido sordo de sus zapatos rozar el suelo me sobresalto de nuevo quedando esta vez en guardia.
Ya no me acordaba, que a parte de tener un cigarrillo escondido en mi mano en la otra tenia las “armas del delito” y como acto reflejo repentino, guarde el paquete y el mechero fugazmente en el bolsillo del pantalón trasero.
Que le pasaba a ese tío?
Sus ojos se clavaron en mi, y sentí un cierto escalofrió recorrer mi cuerpo que me dejo helado. Su rápida y seca presentación no me ayudo a recomponer mi estado, esa voz grabe y monótona ya daba a entender que no era bien venido a ese lugar, pero una cosa estaba clara y es que no pensaba irme de allí
- soy Kazama Paul de segundo año- dije copiando su voz casi casi como una grabadora. Sin mirarle notaba como sus ojos frívolos me escrutaban como rallos-láser.

Di un paso hacia ese hombre algo vacilante sin dirigirme directamente hacia el, mirando por las altas rejas de la azotea, los parámetros del colegio, el patio de abajo encharcado, la carretera, mas lejos se podía ver la ciudad... suspire levemente quedándome apoyado en una de esas vallas, lo suficientemente lejos de el, viendo que se desesperaba levemente con el echo de que estaba claro que EL no quería que estuviese allí con el comentario de : “no sabes que este lugar no te esta permitido”.

– no pone ningún cartel en el que un estudiante no pueda subir- finalicé seco sobre el tema. Oh! como hubiese querido vacilar un poco mas...., y era cierto... no había visto nunca ningún cartel, aunque claro estaba que allí los estudiantes no pintan nada, a mí me gustaba ese lugar y si no había cartel ni candado en la puerta estaba dispuesto a subir tantas veces como quisiese asta lo contrario.
Contemple el suelo mojado para seguir la sombra que dibujaba su cuerpo, era mas alto que yo, y su cabellera platina era azotada por el viento, su rostro se mantenía pasivo con una cierta pizca de desagrado hacia mi que me provoco k frunciese el ceño y desviase mi mirada de esos ojos frívolos, mi voz interior me avisaba de que me estaba jugando una buena... aun así no me moví del lugar y contemple los charcos del suelo que eran como un espejo hacia las nubes grises que aun decoraban el cielo.

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Re: Después de la tormenta

Mensaje por Dan Taylor el Dom Ene 10, 2010 1:37 am

Aquella situación le recordaba fugazmente a esos momentos que tienes unas ganas tremendas de estornudar, y ya cuando tus ojos se empañan en lágrimas y coges aire preparado para hacerlo, se te corta. Es una sensación desagradable, molesta, muy incómoda. Como una ópera a la que le quitas el último fragmento de esplendor, como una interesante conversación interrumpida por la llamada de un móvil, como un orgasmo detenido justo un par de segundos antes del momento culminante.
O como un profundo éxtasis y fusión mental con la naturaleza interrumpidos por un niño con aires de dueño del lugar que parecía oponerse firmemente la idea de abandonar la azotea, sabiendo que aquello podía suponerle una tira de fuertes patadas en el trasero hasta el punto en el que acabaría por desvirgarle analmente con la punta de sus mocasines. No, el pobre chico no sabía aquello, si no ya se habría marchado.
Pero tampoco quería echarle a malas, más aún siendo profesor. Sabía que podía ganarse comentarios de desaprobación entre sus colegas de oficio, y si el niño se comportaba de forma protestante podía incluso acabar teniendo una pequeña charla con el director. Y no, acababa de llegar y si tenían que llamarle la atención no sería por lanzar puntapies a un chico que no tenía nada mejor que hacer que molestar un rato a un gran hombre como él. Qué descaro. Se atrevería casi a declamar alguno de sus monólogos dramáticos a plena voz al viento para que el supuesto alumno conociese firmemente sus pensamientos y lo que había llegado a molestarle allí su presencia. Pero si ya era suficientemente extraño sin hacer absolutamente nada, el mero hecho de actuar de aquella forma le calificaría entre los alumnos de psicópata, lunático o algo similar. Cruel tendencia de los jóvenes a tomar prejuicios sobre las personas y recordar constantemente los errores y pequeños desvíos de los demás. Quién los quemara a todos.

Escuchó a desgana como el chico se presentaba. No, él no había dicho su nombre y su cargo para que el otro hiciese lo mismo, si no que lo había hecho para imponer cierta autoridad como profesor e intentar desalojar el lugar. Pero vamos, comprobó que podía utilizar las indirectas justas, ya que no las alcanzaban a comprender. Notó al chaval, el tal Paul, algo nervioso, y no pudo evitar pensar las posibles opciones que le volcaban a comportarse así. Fuera lo que fuese, sería perfecto que tuviese motivos para castigarle por ello. Interesante.
Se acercó lentamente al chico, mientras este hablaba sobre las prohibiciones de la escuela, etc... No había colado la mentira, vaya. Su lengua había fallado por una vez. Al encontrarse a tan solo un par de metros de Paul, comenzó a fijarse más detalladamente en su aspecto físico. Parecía uno de aquellos rebeldes sin causa alguna que deambulan por los pasillos encerrados en si mismos y que cada vez que abren la boca era para decir alguna banal memez. Aún así, tenía unos rasgos exclusivamente finos y hermosos para su personalidad. Qué mal repartido estaba el mundo, Dios santo.

Y hablando del Señor, al que dio gracias segundos después. Olió una sustancia que no era el aroma de las flores, ni del barro, ni de la piedra mojada, ni humedad, ni nada parecido. Giró sobre el chico rápidamente, arrebatándole lo que parecía un cigarrillo recién encendido. Sonrió con malicia. Motivo de castigo número uno: encontrado.

-Vaya, vaya, vaya -susurró, sonriente, acercándose de nuevo a Paul-. Fumando en la azotea, ¿eh? -cogió el cigarro con los dedos índice y corazón, poniéndoselo frente a la cara-. ¿Nunca te han dicho que en los centros de enseñanza y demás lugares públicos según la ley mientras no se indique lo contrario, esta prohibido fumar?

Sin pensarselo mucho, solo por el simple hecho de provocar furia, rabia e impotencia sobre el chico, se llevó el cigarro a la boca, aspirando aquel humo cancerígeno, haciendo que le penetrase por la garganta y parase directamente en sus pulmones, absorbiendo adorosamente la nicotina. Acababa de restarse algunos minutos de su preciada vida, pero solo por disfrutar de la expresión que pondría el señorito Kazama cuando se diese cuenta de que no podía hacer nada para impedir lo que estaba pasando merecía la pena. Y después iba a castigarle.
Sin embargo, Dan no había fumado prácticamente nunca, y su inexperiencia, y el repulsivo sabor del tabaco, entre otros factores, provocó que comenzara a toser frenéticamente, como si estuviese ahogándose de forma severa. En definitiva, su gran muestra de poder, mandato, seguridad, jactancia, sátira y arrogancia había terminado por dejarle completamente en ridículo.

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Re: Después de la tormenta

Mensaje por Paul Kazama el Dom Ene 10, 2010 9:24 pm

si no hubiese sido por el reflejo de los charcos en el suelo no me hubiese percatado que el profesor ya estaba tan cerca mío que le fue fácil y sencillo arrebatarme mi cigarrillo, ciertamente no me lo esperaba.
se había acercado tan silenciosamente que me planteaba como narices no lograba hacer ruido siendo tan armario como era... me sacaba dos cabezas y quizás algo y a su lado parecía ser un palillo con patitas comparado con semejante cuerpo que tuve que imaginarme ya que su abrigo cubría elegantemente su figura.
En su rostro se dibujo una expresión de placer... así que ya buscaba como joderme desde un principio eh?
- que!? solo te falta cachearme no te parece?- medio gruñí al ver como le satisfacía el haber conseguido tener un punto a su favor a parte de echarme no dejarme salir de la sala de castigados durante una buena temporada...
jugueteó con el cigarrillo entre sus manos vacilante, y como un niño abusón solo le faltaba decirme haber si me atrevía a quitárselo.
me mantenía serio sin mostrar ninguna señal en mi rostro solo clavando mi mirada en el cigarrillo humeante viendo como se consumía... pero que desperdicio!
levante mi rostro cuando alzo la mano para mantenerlo a la altura del suyo. Uy que novedoso fue.. al hablarme como si fuera tonto sobre las normas de si aquí puedes fumar que si aquí no... y yo cansado de la misma historia solté un bufido déspota alzando mis hombros para dejarlos caer soltando el aire ruidosamente - bueno y que? cree que por un castigo que me imponga dejare de fumar?- siempre con lo mismo.. por mucho que me quedase sin salir, o me hiciesen limpiar las aulas o cualquier otro castigo eso no me haría cambiar de idea y dejar de hacer algo que a mí me gustase, si no.. que hiciesen lo mismo con la sala de profesores, que sospechoso es ese humo que sale de allí.. me tendrían que entender, si ellos se basan en hacer lo mismo.
de repente un particular gesto de ese tío me llamo la atención, que me hizo endurecer mi rostro y mostrar una expresión de asombro para mezclarla después con una superior de rabia.. el muy capullo se estaba fumando mi piti! encima con ese rostro tan vacilante sin dejar de mirarme me irritó aun mas sintiendo como los músculos de mi mandíbula se tensaban - pues no se usted.. pero esta inflingiendo también la normativa...- dije con una pizca de amargura pero echándole en cara que si iba hacer eso que no lo hubiese dicho y que poco iba a tomar de ejemplo de el si es lo que pretendía.
De golpe su rostro se distorsiono y su cuerpo se tambaleo levemente hacia delante, empezando a toser sin control, me lo quede mirando unos segundos.. ese tío no fumaba.. y se estaba haciendo el chulo por toda la cara... y dejándole sufrir unos segundos intente aguantar una risa que no pude, era demasiado para mi! “Tanto soy aquí quien yo mando” para acabar ahogándose de esta manera... me acerqué a el sin dejar de reírme escandalosamente para darle unas palmadas en la espalda - pero que hace!? - dije dándole golpecitos intentando ya dejar de reír - no malgaste su vida con el tabaco!- le arrebaté con sigilo el cigarrillo - usted vale mas que esto..- pose en mis labios el cigarro y me aleje de el paseando por la azotea - como usted pensara... yo ya no tengo remedio - di una calada placentera al cigarrillo y solté el humo lentamente - que?... un paseo a dirección me supongo – dije con un tono amargo pero aun con una sonrisa de lo chiste que había sido eso, viendo que su estado mejoraba dejé caer el cigarro de mis labios en un charco que estaba a mis pies, formándose allí un pequeño cumule de humo que desapareció en unos segundos.
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Re: Después de la tormenta

Mensaje por Dan Taylor el Dom Ene 10, 2010 10:19 pm

A pesar de sus esfuerzos por mantener la escasa dignidad que le quedaba en aquel momento, el humo había conseguido casi bloquear sus pulmones por completo, y por unos segundos sintió que se ahogaba. Menuda bazofia. No lo había catado jamás, pero ahora que aquellas sustancias químicas vagaban por su cuerpo destrozándolo mínimamente por dentro sintió verdadera repulsión por aquellos que tomaban aquello en plena conciencia de lo que suponía. Igualmente, su sabor era altamente repugnante. No se le pasaría por la cabeza ni con un buen aliciente de por medio volver a meterse al cuerpo algo como eso. Por Dios, que asquerosidad.
Notó como poco a poco los pulmones iban liberándose lentamente. Aspiró una gran bocanada de aire, y su pulso volvió a su ritmo habitual. Notó como el chico se le acercaba, en un ademán de ayudarle... o no. Porque cuando quiso darse cuenta, este estaba atacado de la risa. Condenado crio. Aún así, reconocía que acababa de cometer una gran estupidez por su parte fumando de aquella forma cuando ni siquiera sabía como hacerlo, ni lo que podía provocarle. Su sentido del ridículo se acentuó por primera vez en mucho tiempo. La persona que tenía en frente lo complicaba todo muchísimo más. El señorito Kazama le había arrebatado el cigarro de los labios y había seguido fumando, con total parsimonia, demostrando que dominaba perfectamente ese arte. Si, ya, placer, a cambio de segundos, minutos, horas de vida.
Se incorporó lentamente, viendo como el chico se alejaba a paso lento de él, y arrojaba el cigarro al suelo. Vaya, que curioso él, ahora con obediencias.

-No voy a mandarte a dirección -comentó cuando se aseguró por completo que estaba en condiciones de volver a hablar. Se sentía un completo estúpido, y aquello le cabreaba-. Aunque dispongo de los motivos suficientes para hacerlo, se consciente...

Se resignó a su ridiculo, y volvió a adoptar para si mismo una postura altiva y orgullosa. Un error lo tenía cualquiera, por supuesto. Y aquello era perfectamente posible. No se sentiría jamás orgulloso de saber como destrozarse el cuerpo. Para él, no era una cualidad especialmente apreciable, desde luego.

-... Eso no te hace exento de tu castigo -continuó con una expresión entre seria, pero con una clara muestra de mofa-. Fumar en un centro de enseñanza y además esa burla descarada a un profesor -le miró relamiéndose por dentro. Castigo seguro-. Yo mismo me aseguraré de que este comportamiento no se vuelva a repetir.

En realidad, respetaba la decisión de suicidio del chico. Mucha gente la tenía, y se había acostumbrado de forma natural a que la gente optase deliberadamente por acabar con su vida de forma lenta. No le importaba él tampoco lo más mínimo como para sentir una pizca siquiera de compasión o de preocupación. Y, a pesar de todo, también había comprendido la risa desmesurada que le había dedicado. Ver a alguien en esa situación debía ser de lo más cómico.

-Procura que no vuelva a sorprenderte con algo así o entonces la reprimenda no vendrá solo por mi parte -le amenazó, dándole a entender que en aquella ocasión había tenido una suerte increíble por no haberse ganado algo más fuerte. Aunque claro, él no sabía lo que le esperaba.

Desde bien joven, cuando empezó a cursar la carrera, había sentido una admiración especial por los castigos. Ya en el instituto procuraba recomendar a sus maestros las mejores formas de escarmentar a los jóvenes que se saltaban las normas. Pero cuando comenzó realmente a ejercer la profesión, descubrió que para él se trataba de algo más. Podía casi considerarse un fetiche, ya que en cierto modo aquello podía llegar a alterar su forma tranquila y considerada de ser. Curiosamente, nunca se había interesado especialmente por castigar a nadie, pero el señorito Kazama había despertado en él un ansia de hacer algo especial. Trabajaría de forma retorcida su mente para darle algo que se ajustase a sus exigencias. De momento, simplemente aguardaría.

-Bueno, de momento te informo que vas a hacer algún que otro recado para mi -le anunció-. Más tarde decidiré que hacer contigo, ¿Qué te parece?

El chico parecía rebelde, y por ello mismo sabía que aquel tipo de "humillaciones" dolían más que una buena bofetada o que sujetar libros contra una pared. Iría probando hasta dar en el clavo.

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Re: Después de la tormenta

Mensaje por Paul Kazama el Dom Ene 10, 2010 11:02 pm

lo tenia demasiado claro, ese hombre después de haber quedado tan humillado se vengaría de la peor forma primero llevándome a dirección y dejándome como una alimaña sin escrúpulos, alarmando a todos los demás profesores y ya así tenerme fichado, después mantenerme encerrado en una aula o expulsarme unos cuantos días, para después volverme a buscar y como el ya supondría delatarme de nuevo con el tabaco, que típico, tópico...
Pero a mi sorpresa, su voz ya recuperada como si nunca hubiese pasado nada, anuncio de que no mellevaría a dirección. En mi rostro se formo una leve sorpresa, ahora iría de enrollado? no... eso no era creíble en alguien como el..
y como no! esa pequeña esperanza era totalmente errónea, anunciando con voz dominante que tener castigo lo tendría... quise volverme a reír.. mas bien no pude evitar como algo natural dibujar una sonrisa tonta y mirar al cielo, que aria? ayudarle a llevar libros? a hacer una copia?... que simples, aunque su rostro me miraba de una forma retorcida que no me acababa de gustar y que no se basaría en esas memeces que solo hace que uno pierda tiempo por partida doble, sentí un escalofrió - que coño te pasa!? deja de mirarme así - no pude evitar ya cabrearme porque no lograba entender que santidades se le pasaban por la cabeza a ese hombre.
"y procura que no vuelva a...blablablabla" salió de su boca, ooh! como odiaba que dijesen eso.
Cuantas mas veces me decían que si me volvían a ver fumando mas me apetecía, y fue mas.. como acto reflejo llevé mi mano al bolsillo trasero teniendo allí el paquete y el mechero.. oh por favor... mis dedos actuaban solos y sacando del bolsillo un cigarrillo nuevo brillantemente, fantástico material cancerigeno, me lo quede mirando para sonreírle de oreja a oreja con picardía, dios.. un poco mas y lo encendía, pero ya estaba cansado de ese tipo y no estaba dispuesto a que me comenzase a sermonear de nuevo así que jugueteando con el lo pose en mi oreja - tenerlo no es fumar..- aclare de que si no lo encendía no era lo mismo, me crucé de brazos esperando que el don señor acabase su discursó.

y con otras palabras seria su criado.... Perfecto!...
En mi rostro se volvió a desencajar en uno de incredulidad - que, que?- a que se dedicaba ese tipo? tenia de afición tener de esclavos a sus alumnos? a caso eso se permitía? a mi parecer no....
pero que clase de castigo era eso? ciertamente me intrigaba, y aunque protestara a mi pesar lo vería demasiado así que me lo tome como un juego de quien soportaba mas a quien- muy bien mi lord que querrá que haga?- dije sobreactuadamente echándome una mano al pecho como señal de respeto.
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Re: Después de la tormenta

Mensaje por Dan Taylor el Dom Ene 10, 2010 11:32 pm

Sonrió con gracia cuando el chico parecía desconcertarse cada vez más ante sus palabras. Parecía por completo extrañado de que, por una parte, no le hubiese llevado a la dirección, y por otra que le hubiese dejado con el tema del castigo en el aire. Era una forma simple de utilizar el miedo. El señorito Kazama aún no le conocía lo suficiente, pero cuando comprobase de lo que era capaz, seguramente la incertidumbre de lo que podía llegar a hacerle le asustaría y angustiaría más que el simple hecho de un castigo impartido por el director o cualquier otro docente. No comentó nada ante el hecho de que el niño se había hecho esperanzas con salir impune de aquella situación. Y, realmente, ya no era por el tabaco o por la burla. Dan había encontrado una forma de entretenerse en algún lugar.
Desde que entró, no paró de preguntarse una y otra vez cuál sería el alumno que caería bajo sus "dominios", y que acabaría por odiarle de tal forma que intentaría por todos los medios echarlo del centro o incluso meterle algo raro en la comida. No sería la primera vez que le ocurría en algún lugar, pero con ello se ganaba tanto el respeto de sus alumnos como de sus compañeros de oficio. Claro que estos últimos no conocían ni un tercio de los medios que el profesor lograba para conseguirlo.

Inconscientemente, cegado en su vanidad y sus ansias de control, pudo ver mentalmente al pequeño Paul en múltiples situaciones de humillación y sumisión con él. Le encantaban los chicos como él, rebeldes, que con que dañes mínimamente su orgullo te dedican esas miradas de odio contenido, rabia, frustración e impotencia. Algunos lo llamaban sadismo.
Se sorprendió notablemente cuando el chico en un alarde de fanfarronada sacaba otro cigarro, y le miraba como esperando ver su reacción. Dan se quedó inmóvil unos segundos, hasta que el chico con una media sonrisa se guardó el cigarro tras la oreja con una ridícula frase. Más burlas para su expediente. Más motivos de castigo.
Para rematar, el hecho de tener que estar de criado para él pareció no gustarle demasiado. Vaya. Si iban a jugar a ver quién era más arrogante, el profesor estaba seguro que, además de divertirse, iba a ganar la partida.

Con una sonrisa en la cara, se acercó al chico, y le cogió fuertemente de la cintura, pegando sus cuerpos, presionándolos. Dan tenía la fuerza suficiente como para inmobilizar al chico, y más en aquella posición. Le levantó un par de centímetros del suelo, dejándole de puntillas.

-Esta bien, te seguiré el juego -le susurró, con su rostro muy cerca del de él.

Introdujo su mano en el bolsillo trasero del chico, apretando su trasero. Justo al segundo después la extrajo, y con ella un bonito y prácticamente lleno paquete de tabaco, que guardó en un bolsillo de su abrigo. Con la misma mano, retiró el cigarro de su oreja, y lo partió en dos ante su cara. Sujetó el pitillo de forma que no cayese nada al suelo.
Soltó por fin al chico, y le cogió entonces de la mandíbula, apretando en ambos lados, obligándole a abrir la boca de forma algo grotesca. Acercó sus rostros, él aún sonriendo, y acto seguido volcó el contenido del cigarro roto en su boca.

-¿No te gusta el tabaco? Pues a mascar, que es más sano -comentó.

Soltó al chico bruscamente, y sacó el paquete de tabaco. Pensó que podía tirarlo por la misma azotea, o podía guardárselo para volver a meterselos en la boca a Paul cuando le hiciese falta. O mejor aún...

-Hagamos un trato -le dijo, con una pose de grandeza, sintiéndose como un Inquisidor-. Por cada cosa que YO -recalcó la palabra notablemente- considere que haces bien sirviéndome, te daré un cigarrillo. Sé que tienes que ir a la ciudad a comprar, y hablaré personalmente con el director para administrar yo mismo esas salidas. Sé que puedes tener más paquetes en tu cuartó -añadió-, así que también me entretendré en revisarlo todo por si acaso. ¿Qué te parece? Puedes seguir fumando, siempre y cuando.... te lo ganes.
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Re: Después de la tormenta

Mensaje por Paul Kazama el Lun Ene 11, 2010 12:49 am

parecía no inmutarse ante mis comentarios, supuse que ya estaría cansado y ya me reclamaría en otros momentos, cuando de golpe , como si fuese una lanza, su brazo aprisiono mi cintura y me impacto contra su cuerpo, quise esquivarlo pero eso solo me provocó tropezar aun mas.

De que estaba echo? se puede saber que desayunaba ese hombre? era de piedra!, clave mi mirada en esos ojos seguros de si mismos - suéltame..- gruñí frunciendo el ceño, empezó hacer fuerza achafandome contra el, su rostro era de diversión y dispuesto a seguir.

- que juego!? no te montes tu solo la película!- quise separarme de ese individuo, interpuse mi mano entre su pecho y el mío pero a los pocos segundos estaba achafado contra su abrigo, con tal presión ahora lograba levantarme levemente del suelo casi sin notar que tuviera que matarse demasiado...
si de verdad de comida se trataba para desarrollar tal fuerza yo también quería..

Estaba de puntillas a pocos centímetros de su rostro casi, casi podía sentir su aliento, y esa cercanía me estaba enfureciendo, no soportaba que me agarrasen, abrazasen, se acercasen a tanta poca distancia, se pegasen a mí ...
vamos que todo acercamiento me estresaba de tal forma que no me importaba quien fuese el su so dicho que le presentaba mis nudillos, apunto de arrearle una gran ostia en esa bonita cara de cabronazo. Algo me detuvo, me quede paralizado asimilando durante unos segundos el escalofrío que recorrió mi espalda al sentir a ese tío meter la mano donde no debía...
y mas la forma para solo sacar un paquete de tabaco.
- mamon..- gruñí echando mi mano en su rostro para desviar esa mirada que cada vez odiaba mas y deseaba arrancar esos bonitos ojos para meterlos en un pote de cristal.
Ignorándome agarro el cigarro que permanecia en mi oreja, rozandome aparte con brusquedad mi cabeza de su mano ya tenia suficiente que aguantar aprisionado contra su cuerpo esculpido en piedra y el aroma de su perfume aogar mi nariz , no quería sentir mas su ser en si
- así que te van los menores ahh?- murmuré con odio mi rostro estaba tenso en una mueca de cabreo difícil de controlar.
De repente me soltó, sintiendo otra vez mis pies en la tierra completamente y alivio en mi cintura, parecida a la sensación de flotar... di un paso hacia tras para estabilizarme pero la mano libre con la que antes me aprisionaba me detuvo de todo paso amarrándome de la cara, con rabia agarre su muñeca para intentar liberarme de el, clabando con furia mis uñas en su piel.
- rrg..n!- logro abrirme la boca y con malicia introduciendo sin cuidado el tabaco roto que me había quitado de la oreja, maldito bastardo.... deseoso de tener algo con que golpearle....
me soltó y escupí todo lo que había introducido en mi boca cerca de sus amados y caros zapatos.

Ni tratos ni gilipolleces- dije pasando mi mano por el rostro - te crees que te voy a ser fiel asta que te canses? no me puedes controlar tanto - ese tío estaba loco - porque tendría que hacerte caso? eh! - abrí los brazos de par en par - me da lo mismo que me lleves al director si no ago lo que tu desees! -
ja! parecía increíble de verdad ese tipo esperaba que le hiciese caso? una mierda...

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Re: Después de la tormenta

Mensaje por Dan Taylor el Lun Ene 11, 2010 3:56 pm

Dan había asistido al espectáculo verbal que el chico había comenzado a dar desde el mismo momento en el que había empezado a, según él, acosarle. Oh, si, le iban muchísimo los menores. Sentía una atracción sexual tan extrema que no podía contener sus erecciones, y en ocasiones las eyaculaciones con tan solo ver a un jovencito. Y más le gustaba cuanto más rebelde era. Ironías de la vida, que le tratasen de pederasta, ya que los adolescentes eran lo que menos le atraía del mundo, y más si eran chicos. Bien es verdad que tenía una marcada preferencia homosexual, pero los niños en la edad del pavo conseguían hacer aflorar su desesperación y sus nervios. Adulos bien hechos, con experiéncia y con un mínimo de cerebro, por favor.

Y, para demostrar por qué no los soportaba, contempló con repulsividad e incluso enfado como el señorito Kazama escupía el tabaco cerca, peligrosamente cerca de sus mocasines, que le habían costado un verdadero dineral. Su atrevimiento era tal que no sabía si directamente lanzarle de un puntapié por la azotea y dejarlo todo en manos de la gravedad o colgarle una insignia a la falta de respeto y a la valentía que suponía aquel gesto en alguien como Dan. Pero por esta vez, y tan solo por esta vez, no iba a tomarle en cuenta aquel gesto tan inmundo. ¿No quería tratos? Ya lo veríamos una vez se encontrase acorralado cual cachorro en una perrera contra la espada y la pared.
Sin hacer el más mínimo comentario, sacó de nuevo el paquete de tabaco, y extrajo dos cigarros con tranquilidad. Volvió a guardar el paquete.

-¡Ah! Se me había olvidado comentarte que, si no obecedes... -partió con facilidad ambos cigarros por la mitad, y los lanzó al suelo-, pasa esto. Supongo que si tanto defiendes tu gusto por el tabaco es que fumas, como mínimo, medio paquete al día. El cambio va a ser brusco si sigues así, ¿Eh? -sonrió-. Pero oh, vamos, no me lo agradezcas. Solo te estoy ayudando a dejar este mal vicio.

Se acercó al chico, hasta colocarle casi en el extremo de la azotea. Había un pequeño muro de aproximadamente un metro de altura que impedía la caida inmediata, pero aún así la tensión de estar al borde de un abismo tenía que aparecer en cualquier persona que se encontrase en la situación del pequeño Paul.

-Voy a explicarte algo, a ver si me comprendes -comenzó-. Al ser profesor, tengo más autoridad que tu en este lugar, por lo tanto, la gente puede comentar cosas que posiblemente no sean del todo... verídicas, pero que conseguirían traerte serios problemas. ¿De qué me sirve expulsarte, castigarte recogiendo papeles o limpiando? No, a ti lo que te hace falta es que te pongan a prueba esa personalidad tan revoltosa de la que dispones -su situación corporal era similar a la que habían tenido hacía unos momentos. Estaban completamente pegados el uno al otro, pero el profesor no ejercía presión, ya que si empujaba más de lo debido conseguiría llevar al chico de cabeza al suelo del jardín que se encontraba unos cuarenta o cincuenta metros más abajo-. Puedo conseguir que te humillen de la forma más dolorosa con solo chasquear un dedo.

Se alejó un par de centímetros, lo suficiente como para que el chico dejase de sentirse altamente incómodo, pero acercó su boca a la oreja del alumno, dejando caer su cálido aliento sobre ella, y susurró:

-Buena conducta, un cigarro para ti. Rebeldía, un cigarro por la mitad. Piénsalo, si te portas bien estaré pagandote el vicio de mi propio bolsillo. Y, sinceramente, si estas en esta escuela privada es por algo. No creo que desees ser expulsado de aquí.

Demasiado incómodo estaba el chico. ¿Completamente homófobo.... o completamente homosexual? A aquella edad, y en aquella época, ya no podría ni saberse. El profesor entendía a la perfección que todo aquel al que se le acercase más de lo debido se alteraría. No por algo tenía un aire de seducción y un cuerpo perfectos. Incluso en adolescentes repulsivos como los que habitaban aquel lugar.
Estiró los brazos con cierto aire felino, desperezándose, sintiendo por primera vez desde hacía ya un rato el frío penetrarle en el cuerpo a causa de la humedad. Volvió a sentir el olor a tierra mojada.

-Ahora iremos al laboratorio de biología a tratar parte de las flores que hay allí, y después ya me pensaré lo que hacer contigo. ¿Te parece? -la pregunta, obviamente, era retórica. No esperaba ninguna respuesta negativa más del señorito Kazama. Sin embargo, si se encontraba con algo así, tendría que utilizar medidas más drásticas...
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Re: Después de la tormenta

Mensaje por Paul Kazama el Lun Ene 11, 2010 4:54 pm

En su rostro se formo una expresión de asco, y en mi interior lo celebre viendo esa cara desencajada por fin su apariencia tranquila dominante e irrompible se veía rota por ese rostro que reflejaba nauseas y desprecio.
Pero como no... sobretodo con ese tipo, todas mis acciones tenían unas consecuencias, y con calma volvió a sacar el paquete de cigarrillos, para agarrar dos y destrozarlos.
uff.... uff.. respire hondo intentando no mostrar reacción en mi rostro, tampoco era para tanto, pero lo que mas me cabreaba es que lo hiciese el, y no poder levantarle la mano... aunque me moría de ganas de ver dislocada su preciosa mandíbula y verle escupir sangre para manchar esos dientes tan blancos y relucientes.
su voz me despertó de mi imaginación "oh, vamos, no me lo agradezcas. Solo te estoy ayudando a dejar este mal vicio"

no aguantaba mas... o le petaba la mandíbula o le petaba la mandíbula, mis brazos temblaron levemente de rabia conteniendo enfurecido en mis puños la ostia que le iba a pegar tarde o temprano.
Empezó a caminar hacia mi y no quería que se acercase, solo oler su perfume me ardía aun mas la sangre. Logro acorralarme contra el muro que finalizaba la azotea, con la broma me había quedado acorralado sin salida teniendo a ese hombre otra vez a escasa distancia.
NO! paul... no le pegues... no le pegues... que si te expulsan otra vez... no es lo que buscamos.. respira... coño respira!.
En mi mente se repetía y una otra vez esas frases y aferrándome al poco muro que había, mire de reojo la altura de donde estábamos, volví a olvidar durante unos segundos como se respiraba.
Como si me importase, empezó a hablar de lo que me podían humillar los demás - eso me importa bien poco - susurre clavando mi mirada frívola y furiosa en esos malditos ojos, ciertamente me daba igual los demás me eran indiferentes y mas sus estúpidos peculiares comentario, acciones y demases y me era difícil creer lo que decía tan controlador de mentes era? Si me quería bajar los humos primero que se los bajase el.

Su cuerpo se pego algo mas contra el mío, respire hondo sintiendo otra vez su perfume...
arg.. que mareo me provocaba ese aroma, me aferré con fuerza al borde, aun manteniendo la poca calma que tenia, notaba la leve calor que desprendía su cuerpo de debajo de toda su ropa en mi, que se contrastaba contra el aire frió que acariciaba mi espalda.

Por fin, se separo levemente , respire hondo dejando caer un gran bufido ruidoso de rabia, pero lo que colmo la gota de mi paciencia fue sentir su aliento recorrer mi oído penetrar en el como una brisilla y hacerme temblar levemente por esa sensación suave y cálida.
se le veía totalmente satisfecho de todo lo que había logrado, y yo como un santo aguantando toda la rabia y ira que desprendía hacia el... aun cerca de mi estirando los brazos para dejarlos caer como señal de tenerlo todo ganado y sentirse vencedor ante mi y como compensación relajarse sin temerme.

- UY! k torpe k SOY- dije ya fuera de si empujándolo para salir de ese maldito rincón ignorando todo tema - pues vale!- finalicé sobre su mandato de ir a donde el señor quería-al laboratorio pues... arg...- gruñí bajando las escaleras a toda prisa en búsqueda de algo que patear.



*TEMA CERRADO*
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