Bajo la mirada de las intensas olas del mar.

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Bajo la mirada de las intensas olas del mar.

Mensaje por Kenda Matsuyama el Dom Mayo 02, 2010 12:51 pm

El sol brillaba con fuerza en el cielo, pero el humor de Kenda no era precisamente maravilloso.
Tenía puestas las gafas de sol, una camiseta de tirantes blanca y un bañador que le llegaba hasta poco antes de las rodillas. Tenía ganas de un baño, de un buen baño.
Desde que había llegado allí para trabajar no se había dado un día de completo descanso. De vez en cuando se escabullía para dar un paseo, leer un libro o simplemente acosar sexualmente a Lumine, pero nunca había tenido un día solo para él.

Dejó la toalla sobre la arena y se tumbó, colocando las manos entrelazadas bajo su nuca. No se había echado ni una pizca de crema solar a pesar de estar tan blanco por la simple pereza de tener que ir a comprarla de nuevo este año.
Los anteriores, siempre había algún amigo, o algún amante que le arrastraba hasta la playa más cercana y le embadurnaba por completo de crema. Siempre se había sentido orgulloso de su cuerpo, sobretodo de la zona de su vientre, donde más incapié ponían todos los hombres que habían estado con él.

Se quitó la camiseta y se encaminó hacia el mar, sin pensar demasiado en las cosas que dejaba atrás. Al fin y al cabo, las cruces las seguía llevando al cuello.
Dio un par de pasos en el agua y se percató de que tampoco estaba tan fría como se esperaba. Sería un placentero baño marítimo.
Entró hacia una zona un poco más profunda y se lanzó de cabeza, no en vertical, sino en horizontal, dejando que el agua le acariciase el pecho, el vientre y la espalda a su paso.
Salió tomando aire y apartándose el pelo hacia atrás con la mano derecha.

- Mmm... esta demasiado buena - se pasó las manos por el torso, disfrutando de la sensación del agua salada - hacía bastante tiempo que no encontraba esta temperatura.

Se dejó caer hacia atrás. Su bañador formaba una especie de "paracaidas" tendido sobre el agua. Se dedicó a pasar las manos sobre la superficie, observando las ondas que dejaban a su paso.
Y por su perversión, y su maldita costumbre, se imaginó que las ondas eran las marcas que siempre dejaba en el cuerpo de sus amantes. Y en ese mismo instante, se percató de que hacía mucho tiempo que no estaba con varios a la vez, o que no lanzaba una cañita al aire.
¿Se estaría enamorando? Sonaba profundamente preocupante.
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Kenda Matsuyama
Profesor de Antropología

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